Paula Cazenave no necesita presentación. Esta vasca de nivel, DJ, producer y label owner, lleva toda una vida dedicada al sonido, la música y los escenarios. Empezó en un momento en el que ver a mujeres en cabina no era lo habitual y ha crecido, a la vez, como persona y como artista en una industria en la que, por suerte, las dinámicas han ido cambiando progresivamente. Así que creo que es una oportunidad idónea para hablar de mujer a mujer, de profesional a profesional. Bienvenida a BCN Resistance, Paula. Un placer charlar contigo.
Hola, NiZ. Un placer hablar contigo.
Sabes que soy especialmente incisiva con el papel de la mujer en la industria. ¿En qué punto estamos, no solo en términos de visibilidad, sino de respeto, reconocimiento e instrumentalización de la imagen femenina en nuestro sector? ¿Cómo nos ves?
La cosa ha cambiado muchísimo, eso es evidente. Yo empecé a finales de los 90. Han pasado casi treinta años. No tiene nada que ver. Ahora hay muchas más mujeres pinchando, eso es real. En producción seguimos siendo menos, y en puestos de poder — agencias, festivales, promotores— siguen mandando más hombres que mujeres. Hay mujeres, sí, pero no estamos en igualdad real. Y luego está el tema de la imagen. Que esto es delicado, porque parece que si lo dices estás atacando a alguien, y no es eso. Cada una puede vestirse como le dé la gana. Pero también es verdad que en algunos sectores se está premiando mucho la imagen, los seguidores, la exposición constante… y, a veces, la música queda en segundo plano. Y eso, a mí, me preocupa. Porque si queremos que se nos respete por lo que hacemos, el foco tiene que estar ahí. A mí lo que me interesa es que se hable de cómo pincho y de lo que produzco. Lo demás me da bastante igual, la verdad.
Efectivamente, en el sector se habla constantemente de igualdad, incluso, a veces, de facilidades o favoritismos en la industria por el mero hecho de ser mujer. Pero, seamos claras, ¿hay menos machismo que antes o seguimos igual?
Sí, hay menos machismo que antes. Pero que haya menos no significa que no exista. Tristemente todavía hay bastante “machirulismo” en esta industria. Y cuesta aceptar que, a día de hoy, sigan existiendo comportamientos intolerables y comentarios retrógrados que ya deberían haberse extinguido. No sé si las redes han influido en que cierta mentalidad vuelva a salir sin filtro, pero en los últimos años sí he notado un ligero aumento. Y eso preocupa. Y lo del favoritismo… sinceramente, yo no he sentido que por ser mujer me hayan regalado nada. Al contrario. Durante muchos años sentías que tenías que demostrar el doble. Así que eso de que ahora todo es más fácil para las mujeres… Yo no lo veo así.
Y hablando de mujeres en la música. Tú llevas muchos años. Hoy, eres un referente para muchas DJs y productoras, ¿cuáles fueron los tuyos en tus inicios? ¿Había mujeres en las que mirarte y verte?
Cuando yo empecé a interesarme por el techno, mis referentes eran hombres. Básicamente porque no había visto a ninguna mujer pinchando en directo. James Ruskin, Surgeon, Ben Sims, Óscar Mulero… era lo que escuchaba y admiraba. Era lo que tenía delante. Y claro, eso también te hace fuerte, porque no tienes muchos modelos femeninos con los que identificarte y te lo tienes que construir tú sola. Luego, una vez que me metí más de lleno en ser dj profesional, empecé a ver que sí había más mujeres en la escena techno que llevaban más tiempo en esto, como Gayle San y Monika Kruse y a nivel nacional Pelacha, Rosy… Y eso fue importante porque pensé: “vale, no estoy sola. Somos pocas, pero estamos aquí”. Y eso te da impulso e inspiración para seguir adelante.

Por suerte cada vez somos más. Pero ¿qué crees que nos falta a las mujeres para terminar de consolidar nuestro papel en esta industria?
Talento no es. Eso lo tengo clarísimo. Lo que falta es que desaparezca de una vez ese machismo que todavía está ahí. Y ahí sí que creo que necesitamos echarle un par de ovarios y cortar según qué cosas de raíz. Y también necesitamos coherencia. Porque si hablamos de respeto, tenemos que poner la música en el centro. No vale decir una cosa y luego hacer otra. Si queremos que se nos tome en serio por lo que hacemos, el foco tiene que estar en el trabajo.
Y, por el contrario, ¿qué aspectos de ser mujer crees que nos hacen especiales a la hora de hacer música en el estudio y de presentarla luego en directo?
Sinceramente, no creo que haya una forma femenina de hacer música. No creo que por ser mujer ya produzcas o pinches de una manera concreta. Pero sí creo que la experiencia influye. Hemos tenido más presión en ciertos momentos, más mirada encima, más necesidad de demostrar… y eso te hace estar más atenta, más pendiente del detalle. En mi caso concreto, incluso ser más perfeccionista. No es algo biológico ni nada místico. Es simplemente que todo lo que has vivido se acaba colando en tu forma de trabajar.
Una cosa que se nos echa en cara a las mujeres en general es que seamos demasiado ambiciosas o exigentes en nuestras carreras. Como yo, eres una mujer de carácter. ¿Te has encontrado reclamos y/o mofas en este sentido en la industria de la música?
Ambiciosa no sé. Nunca me he visto como una persona ambiciosa en plan obsesiva. Exigente sí. Mucho. Me gusta que las cosas se hagan bien. Me pone muy nerviosa dejar cosas a medias, los imprevistos… Y carácter tengo, eso es verdad. Soy muy transparente. Si estoy feliz, lo sabes y si estoy cabreada también. No tengo filtro. No creo que eso tenga que ver con ser mujer. Creo que es mi personalidad. Y si a alguien le molesta o se mofa por eso, sinceramente, me parece un pensamiento bastante básico.
Te he escuchado decir en otras entrevistas que, en tus inicios, te sentías más cuestionada, observada y exigida que los hombres. ¿A día de hoy te sientes igual? ¿Crees que a las mujeres se nos exigen más, menos o diferente?
Sí, al principio me sentía súper observada. Había tíos mirándote como esperando el fallo, como diciendo “a ver si sabe”. Pinchábamos con vinilos, y si cometías un pequeño error parecía que era el fin del mundo. Yo recuerdo no dormir la noche antes de algunos bolos de los nervios porque sentía que no podía permitirme fallar. Con los años eso cambió. Ahora no siento esa presión. Supongo que la experiencia también te coloca en otro sitio y ya no te miran igual. Las chicas jóvenes ahora viven otra cosa: la presión de las redes. Si te equivocas, alguien lo graba, lo sube y en cinco minutos lo puede ver medio mundo. Y además hay mucha gente sin escrúpulos que te puede poner a parir desde el sofá de su casa. Antes el error se quedaba en la sala. Ahora se queda en internet. No sé si se nos exige más o diferente, pero sí creo que a las mujeres todavía se nos analiza un poco más en según qué cosas.

Y si hablamos de igualdad en los escenarios, ¿qué opinas de las cuotas femeninas? Es decir, ¿más mujeres en la escena porque sí? ¿Significa eso igualdad u otra estrategia de marketing más, muy apropiada para los tiempos que corren?
Programar a alguien solo por ser mujer, para mí, no es igualdad real. Eso lo tengo claro. Ahora bien, también entiendo que durante muchos años el acceso no ha sido el mismo y que en ciertos momentos las cuotas han servido para equilibrar algo que estaba muy descompensado. Eso también hay que decirlo. El problema es cuando se convierte en marketing. Cuando parece que lo importante es poder decir “mirad qué cartel más diverso”, pero luego las decisiones importantes siguen estando en las mismas manos de siempre. Lo ideal sería no tener que hablar de cuotas, que estés ahí porque eres buena, porque tu propuesta tiene peso, no porque tengas que rellenar un porcentaje. Ahí es cuando realmente hablaremos de igualdad.
Coincido 100% contigo. Y si me preguntan, para mí la clave de la igualdad es que haya más mujeres liderando, dirigiendo y tomando decisiones dentro de la industria. ¿Qué opinas al respecto? ¿Te imaginas a ti misma como una de ellas a medio-largo plazo?
Estoy bastante de acuerdo. Una cosa es que haya más mujeres pinchando y otra muy distinta es quién toma las decisiones. Porque al final, quien programa, quien dirige una agencia potente o quien lleva un festival grande es quien realmente marca la línea. Y si miras esa parte de la industria, la mayoría siguen siendo hombres. Hay mujeres, claro, pero todavía no estamos en equilibrio. Yo ya he estado en esa parte: promotora, sello, agencia… y sé lo que implica estar en un puesto donde decides. De hecho, si en algún momento dejara de ser DJ o bajara el ritmo de cabina, seguramente me gustaría dedicarme más a esa parte estratégica, a construir cosas desde otro lugar. No solo estar en el escenario, sino también estar detrás tomando decisiones.
Yo también me veo en ese rol de liderazgo. En cambio, muchas veces me han tratado como una niña o una inútil en algunos contextos, dándome incluso la espalda al explicar aspectos técnicos en un escenario. Con una trayectoria tan larga y sólida como la tuya, ¿te has encontrado con comportamientos paternalistas y condescendientes de este estilo? A día de hoy, ¿todavía te encuentras con este tipo de actitudes?
Sí, claro que me ha pasado. Recuerdo llegar a cabinas y que el DJ que estaba pinchando me preguntara si sabía usar la mesa. Y yo pensando: “He estudiado sonido, sé cómo funciona una mesa por dentro”. Pero claro, eso ellos no lo sabían. Solo veían a una chica joven entrando en la cabina. También me ha pasado estar en una conversación técnica sobre sonido y que se dirijan al hombre que tenía al lado, aunque la que iba a pinchar era yo. Eso al principio pasaba bastante. Esa sensación de que te estaban examinando o de que asumían que sabías menos. Ahora ya no lo vivo así. Con los años y la trayectoria el respeto te lo ganas. Ya no tienen esa duda. Pero al principio sí, claro que sí.
Como hemos comentado al principio, los referentes son fundamentales para la nueva generación de mujeres DJ. ¿Qué le dirías a una chica joven que esté dando sus primeros pasos? ¿Qué le recomendarías evitar, con qué le dirías que tenga cuidado y qué le recomendarías hacer sí o sí?
Le diría que trabaje mucho y que no tenga prisa. Que aprenda técnica de verdad. Que sepa pinchar bien, que entienda el sonido, que si puede produzca, que no dependa de nadie para hacer su trabajo. Cuanto más autónoma seas, más segura te vas a sentir. También le diría que no intente agradar a todo el mundo. En esta escena no se trata de gustar, se trata de tener identidad. Y algo muy importante: que no normalice situaciones incómodas. Ni comentarios fuera de lugar, ni actitudes raras, ni acosos, ni abusos. Nada de eso forma parte “normal” de la industria, aunque durante años se haya hecho ver así. Si algo no te hace sentir bien, no tienes por qué aguantarlo. Punto. Y que tenga claro que esto es una carrera de fondo. Lo que de verdad sostiene una trayectoria es el trabajo constante, no el hype del momento.

Hay muchas parejas de DJs/producers en la escena. Muchas veces se asume (y esto es algo de lo que se habla poco) que, aunque ella sea más mediática, el talento lo tiene él. En tu caso, tu marido también trabaja en la industria e incluso habéis compartido escenario. ¿Has sentido alguna vez que las miradas o las preguntas se desvían hacia él cuando está presente? ¿Crees que los hombres de la profesión se sienten incómodos trabajando con mujeres?
Sí, eso lo he vivido. Durante años tuve que escuchar que él me había enseñado a pinchar. Y no. Cuando nos conocimos, yo ya era DJ. Otra cosa es que compartiendo vida y profesión aprendas cosas juntos, claro que sí, pero esa idea automática de que “si ella está con él, él es el que sabe más” la he escuchado muchas veces. También me ha pasado estar en conversaciones técnicas y que las preguntas se dirijan más hacia él que hacia mí, aunque la que iba a pinchar era yo. Como si yo no supiera de sistemas de sonido o de técnica, cuando he estudiado sonido, sé perfectamente cómo funciona todo eso. Ahora ya no lo vivo igual, porque estamos en momentos distintos de la industria y porque mi trayectoria habla por sí sola. Pero durante años sí estuvo ahí esa sombra. Y sobre si los hombres se sienten incómodos trabajando con mujeres… algunos sí. No todos, evidentemente. Hay compañeros increíbles y súper respetuosos. Pero también hay otros a los que se les nota cierta incomodidad cuando una mujer tiene seguridad, carácter y criterio propio. Eso pasa. Y no pasa nada por decirlo.
Tú, que además de DJ, productora y label owner, eres técnico de sonido, ¿cómo llevas este hate en redes? ¿Sientes una mayor agresión por el mero hecho de ser mujer?
Por desgracia, el nivel de misoginia en redes sociales no para de crecer. Yo recibo bastante hate cuando abordo temas técnicos u ocupo espacios tradicionalmente monopolizados por hombres heterosexuales. El que es gratuito me afecta, claro que me afecta. No soy de piedra. Una cosa es que no te guste mi música, pero otra muy distinta es entrar en mis redes, que es como entrar en mi casa, a insultar o a soltar comentarios machistas. Y eso lo he vivido (creo que todas en algún momento). He recibido comentarios increíblemente fuera de lugar y misóginos simplemente por estar pinchando en un vídeo. Sin hacer nada raro. Solo trabajando. Y todos esos comentarios eran de hombres. Ninguna mujer. Eso es ahora con las redes, pero cuando era más joven viví situaciones en directo muy incómodas en cabinas, en backstage, en clubs, incluso entre el público… muy red flag. Y durante años parecía que eso había que aguantarlo. Como si formara parte del día a día. Como si fuera “lo normal”. Y no. Trabajar en la noche no es aceptar que todo vale. No tenemos que aguantar comentarios ni comportamientos fuera de lugar. No tenemos que aguantar ni abusos ni acosos. Esto no es negociable.
Absolutamente. No hay más que ver las noticias de los últimos días. Y en relación con esto, otro tema candente es la presión estética de la industria. Sobre todo, en las altas esferas parece haber una hegemonía de la DJ modelo, que es igual de endiosada por su imagen que juzgada de más por ella. ¿Lo sientes así? ¿Desde dónde lo vives y cómo lidias con esa presión?
Sí, esa presión existe. No nos vamos a engañar. Hay una parte de la industria donde la imagen pesa muchísimo, y a veces parece que importa tanto o más que la música. Yo lo vivo desde otro sitio, la verdad. Nunca he querido construir mi carrera desde la imagen. Me arreglo, me gusta sentirme bien conmigo misma, pero no he basado mi trayectoria en eso ni me interesa hacerlo. Y tampoco quiero juzgar a nadie. Cada una es libre de posicionarse como quiera. Pero lo que sí creo es que cuando el foco se pone demasiado en el físico, luego es muy difícil que el discurso sea solo musical. En mi caso lo gestiono siendo coherente. Yo sé por qué estoy aquí. Sé lo que he trabajado, lo que he estudiado, lo que he producido. Y eso me da tranquilidad. Al final, lo que se sostiene en el tiempo no es la foto, es el trabajo.

Y con la edad ocurre algo similar. Ellos parecen que pueden envejecer a sus anchas y a nosotras no se nos pasa ni una arruga. Las que lleváis un rato en esto, ¿sentís una mayor presión edadista que vuestros colegas hombres con trayectorias similares?
Sí, el edadismo existe. Y creo que con las mujeres es más evidente. A los hombres muchas veces la edad les suma autoridad. Se les ve como “referentes”, “leyendas”, “históricos”. En nosotras parece que la lupa va más hacia la imagen, hacia si aparentas más o menos edad. Pero también te digo una cosa: yo ahora me siento mucho más segura que hace veinte años. Mucho más. Y esa seguridad pesa más que cualquier arruga. Con los años tienes más criterio, más tablas, más calma. Y eso en cabina se nota. Si alguien está más pendiente de mi edad que de mi música, el problema no es mío.
Amén, hermana. Y hablando del paso del tiempo, ¿cómo te imaginas en un futuro lejano? ¿Te gustaría seguir girando, tienes otros planes más relacionados con el management, la formación, la producción, business…? ¿Hay un plan de futuro o vamos fluyendo? ¿Cómo será la Paula Cazenave de 60 años?
A ver… plan cerrado no tengo. Nunca he sido de tener la vida estructurada al milímetro. Lo que sí tengo claro es que la música va a seguir estando ahí. Eso no lo veo cambiando. No sé si con 60 años tendré ganas de estar todos los fines de semana en un club a las cuatro de la mañana. Igual en ese momento me apetece una vida un poco más tranquila. Pero dejar la música no lo veo. Seguramente estaré más centrada en otras cosas: sello, producción, quizá mentoría, quizá más parte estratégica, organización de eventos… nunca se sabe. Y pinchar, mientras mis manos y mis oídos respondan, me gustaría hacerlo siempre. Igual menos, más puntual, más selectivo. Pero no dejarlo nunca. La música siempre ha sido mi vida y lo será siempre.
