Entrevista: hablamos con Steve Bimbelan sobre InnerGroove. un acompañamiento emocional para artistas

Marcel Bimbela (AKA Steve Bimbelan), DJ y productor, navega por diferentes registros del techno, pero siempre en busca del ingrediente hipnótico, las texturas crudas, los ritmos potentes y una energía punzante. Pero, además, Marcel es licenciado en Sociología por la UB, máster en Counselling por la Universidad Ramon Llull y formador y docente en diversos centros y universidades. Gracias a ello, ha podido desarrollar y lanzar su proyecto InnerGroove, un servicio de acompañamiento emocional creado específicamente para DJs y producers. Marcel es uno de esos perfiles artísticos implicados en el cuidado de la escena, una persona más allá del AKA musical que merece la pena conocer. Bienvenido, Marcel, y muchas gracias por charlar conmigo.

Muchísimas gracias por la invitación. Me hace especial ilusión compartir esta conversación contigo.

Para empezar y contextualizar el momento actual, me gustaría saber cómo ves el estado de salud general de la industria electrónica

Creo que la industria electrónica vive, en líneas generales, un momento de gran expansión y exposición, aunque como pasa en otros ámbitos, no siempre la cantidad es sinónimo de calidad. Para los artistas hay más oportunidades que nunca, pero también más presión; la comparación es constante, el feedback es inmediato y la validación depende muchas veces de métricas visibles (followers, likes, reproducciones, etc).

Creo, por lo tanto, que nos encontramos ante una industria de la música electrónica más exigente a nivel emocional que nunca.

Y toda esa hiperexigencia seguro que genera hiperproblemas de toda índole. ¿Qué conductas, actitudes o dinámicas crees que son las más habituales en lo que a la mala salud mental/gestión emocional de los artistas se refiere?

Uno de los más frecuentes es la identificación total entre persona y proyecto; cuando tu identidad depende de cómo funciona tu carrera, cualquier bajón profesional se vive como un fracaso personal.

He observado también mucha presión interna, como una autoexigencia desmedida. La sensación de que los logros nunca son suficientes, siempre hay alguien tocando en una sala o en un festival mejor, siempre hay alguien publicando temas en un sello mejor, siempre hay alguien creciendo más rápido en redes, etc. Esta comparación desgasta mucho. Convertir los deseos en obligaciones genera muchísima frustración.

Otro patrón bastante común es el aislamiento. Aunque desde fuera parezca una profesión muy social, muchos artistas viven procesos creativos bastante solitarios, con horarios muy cambiantes. Esa sensación de ir al revés del mundo puede generar una fuerte sensación de desconexión y soledad.

Steve Bimbelan

Por supuesto, encontramos también el consumo de sustancias. No siempre como un problema en sí mismo, pero sí como una forma de regular emociones; para desinhibirse, para evadirse en un mal momento, para aguantar el ritmo de noches sin fin o incluso para llenar el vacío que aparece tras la euforia de un buen bolo.

Cuando las sustancias se convierten en nuestra única herramienta de gestión emocional, es cuando empiezan los riesgos.

Entiendo ahora la necesidad de lanzar InnerGroove.  ¿Me gustaría que nos explicaras qué es y cómo surge la idea de levantar un proyecto de estas características?

InnerGroove es un proyecto de acompañamiento emocional específico para artistas, djs y productores de la industria musical, especialmente dentro de la escena electrónica.

La idea surge inicialmente dentro de la agencia de artistas ConceptOne buscando ofrecer una asistencia realmente integral al artista: no solo booking, estrategia o desarrollo musical, sino también un espacio donde poder sostener la parte emocional.

A medida que empezamos a hablar con artistas, detectamos que había una necesidad real de este tipo de espacios. Hay muchas escuelas de DJs, cursos de producción, mentorías de creación de marca, etc., pero muy pocos espacios que doten de herramientas para gestionar la presión, la frustración o la comparación y ayuden a una estabilidad emocional, tan importante en el desarrollo de nuestra carrera. Ahí es cuando InnerGroove empieza a tomar forma propia y se extrapola más allá de la agencia, abriéndose a la industria en general. InnerGroove no nace desde fuera de la cabina, sino desde dentro. De muchos años viviendo la escena como artista a la vez que me dedicaba a la gestión emocional.

La idea es sencilla: si queremos carreras sostenibles a largo plazo, necesitamos trabajar no solo el talento, la técnica o la capacidad en el estudio, sino también la estabilidad emocional.

Creo que ambos compartimos ser artistas que no solo actúan o crean, sino que reflexionamos sobre nuestro entorno laboral e intentamos aportar a la escena algo más que música. En este sentido, he detectado una mayor apertura al cuidado físico y mental. ¿Consideras que hay menos tabús al respecto, que en general estamos más abiertos a pedir ayuda y/o reflexionar sobre este tipo de problemas? O, por el contrario, ¿sigue siendo un estigma?

Creo que estamos en un momento de transición. Hay sin duda más apertura en estos temas que hace unos años. Hablar de salud mental ya no es algo asociado a la debilidad, y cada vez más artistas comparten públicamente procesos de terapia, descanso o autocuidado. Esto es un avance sumamente importante, que además sí, como está pasando últimamente, viene de parte de artistas que son referentes en la escena, dota a la gestión emocional en la industria de una gran visibilidad.

También veo una mayor conciencia sobre el cuidado físico: entrenamiento, descanso, alimentación, hábitos, etc. La escena está empezando a entender que el cuerpo y la mente también son herramientas de trabajo.

Ahora bien, creo que, aunque haya mayor visibilidad y exista un discurso público sobre la importancia de la salud mental y emocional, no significa que el estigma haya desaparecido. En la práctica todavía cuesta pedir ayuda cuando lo que está en juego es tu imagen pública, tu reputación o tu identidad como artista dentro de un entorno tan sumamente competitivo. Muchos artistas siguen sintiendo que públicamente deben vender una versión segura, productiva y siempre disponible de sí mismos. Además, actualmente la industria premia la exposición y el rendimiento constante, y eso genera una contradicción; hablamos más de bienestar, pero seguimos funcionando a un ritmo que a veces no es sostenible. En términos generales diría que estamos más abiertos a reflexionar, sí, pero todavía estamos aprendiendo a integrar realmente ese cuidado en la cultura profesional de la escena.

Totalmente. Y hablando de percepciones. Algo que me interesa siempre mucho es la perspectiva de género de cada tema que abordo. En este sentido, ¿encuentras diferencias entre hombres y mujeres? ¿Y con la comunidad QUEER?

Más que diferencias individuales, lo que sí observo son diferencias en las presiones y dificultades estructurales que atraviesan a cada colectivo dentro de la industria.

En el caso de muchas mujeres artistas, generalmente sigue existiendo una mayor presión estética y de legitimidad profesional. Se encuentran en un entorno donde históricamente han estado infrarrepresentadas y a menudo sienten que deben demostrar constantemente su competencia técnica (que saben pinchar, que saben producir, etc.). Esa presión sostenida les puede provocar un desgaste emocional específico que no sufren otros miembros de la industria.

En los hombres, en cambio, suele pesar más la dificultad para reconocer vulnerabilidad. La socialización masculina tradicional todavía penaliza la expresión emocional, la petición de ayuda o la aceptación de la vulnerabilidad, lo que a veces retrasa el acceso a espacios de acompañamiento.

En la comunidad queer, además de las exigencias propias de la industria, creo que pueden sumarse factores de discriminación o de responsabilidad percibida de representar al colectivo, lo que puede añadir una capa extra de presión emocional. Al mismo tiempo también es cierto que muchas redes queer han tejido y generado espacios de apoyo emocional muy sólidos dentro de la escena.

Y en tu caso, ¿has tenido ejemplos cercanos de problemas de salud mental que hayan llamado tu atención especialmente o alguna vivencia personal que te haya hecho despertar?

Sí, he tenido casos cercanos que me han impactado. Artistas con muchísimo talento que desde fuera parecían estar en un gran momento profesional y, sin embargo, estaban atravesando procesos de ansiedad, bloqueo creativo o desgaste emocional muy profundo. Lo que más me llamaba la atención siempre (antes de iniciar InnerGroove) era esa distancia entre la imagen pública y la vivencia interna.

A nivel personal también he vivido momentos de presión, comparación o duda, tanto en la industria musical como en el mundo académico. El tener formación en gestión emocional no te hace inmune. Las emociones las sentimos todos, lo diferencial es qué hacemos con ellas, cómo las gestionamos.

En este sentido, ¿cómo crees que influyen las redes sociales en la creación de esas emociones no siempre positivas y, por el contrario, qué mejoras o avances están aportando en estos casos?

Creo que es innegable la importancia capital que las redes sociales tienen en la construcción de una carrera artística actualmente. A nivel negativo, creo que han amplificado muchísimo la comparación. Antes sabías que había otros artistas creciendo, pero ahora ves en tiempo real cada booking, cada soldout, cada portada o cada aftermovie. Esa comparación constante puede provocar una enorme frustración y erosionarte poco a poco.

Creo que también generan una especie de identidad performativa; no solo tienes que ser artista, sino que tienes que parecerlo constantemente. Esa presión por exteriorizar una versión atractiva y en crecimiento constante puede generar ansiedad, incluso cuando objetivamente las cosas van bien. Llevo muchos años quejándome de que la nomenclatura “redes sociales” no es la que más se ajusta a la realidad, puesto que la mayoría de las veces lo que mostramos no somos realmente nosotros mismos, sino nuestros deseos, anhelos, aspiraciones, convertidos en sonrientes avatares virtuales, pero hace ya tiempo que he dado esta guerra por perdida.

Dicho esto, considero que también han aportado cosas positivas en la industria. Han democratizado mucho la visibilidad, han permitido que artistas sin grandes compañías ni estructuras detrás puedan crecer. Creo también que las redes sociales han permitido abrir espacios de conversación sobre salud mental y emocional que antes no existían en la escena.

Creo que al final, el problema no son las redes en sí, sino la relación que construimos con ellas. Si tu autoestima depende de métricas visibles, te vuelves muy vulnerable. En cambio, si entiendes las redes como una herramienta y no como un espejo de tu valor, pueden ser muy útiles

Una diferencia fundamental, sí. Y ya entrando en materia, ¿cómo se organizan las sesiones en InnerGroove? ¿Hay un método o el programa se adapta a las necesidades de cada artista?

El proceso general suele empezar con una sesión inicial de diagnóstico donde analizamos el momento profesional, el contexto personal y los principales focos de desgaste: presión, comparación, bloqueo creativo, relación con redes, abuso de sustancias, etc. A partir de allí solemos trabajar en cómo gestionar lo que te ocurre emocionalmente, quién eres más allá de tu proyecto artístico y cómo hacer que tu carrera sea sostenible en el tiempo.

No aplicamos una plantilla rígida puesto que las necesidades de cada artista son diferentes. A veces vienen con una problemática muy concreta, en la que nos enfocamos, y a veces tienen la sensación de que algo no va bien, pero no localizan la causa de este desgaste emocional. El objetivo es que el artista salga con herramientas prácticas, no solo con la sensación de alivio momentáneo, y todo por supuesto priorizando la confianza, discreción y confidencialidad.

Muy interesante. Y si hablamos de ti como artista, ¿conoces la expresión “consejos vendo que para mí no tengo”? Es decir, ¿eres capaz de aplicar en tu propia carrera aquello que promueves desde InnerGroove o sigue costando ser crítico y analítico con uno mismo?

La conozco y voy a responderte con otra expresión popular, ya que ciertamente es más fácil ver los toros desde la barrera. La claridad en el diagnóstico y en las recomendaciones que haces a los demás, a veces no lo es tanto cuando se trata de trabajar con uno mismo. Como he dicho antes, tener formación en gestión emocional no me hace inmune a la presión o a la autoexigencia. Yo también estoy dentro de la industria, también tengo expectativas, objetivos y momentos de duda. No es ni mucho menos que todo esto no me afecte sino que lo detecto y me lo trabajo con las herramientas que tengo. Pero tengo claro que es un trabajo constante. Siempre digo que “Somos lo que entrenamos”. Parece que todos tenemos muy claro que si quiero producir bien debo pasarme horas y horas practicando delante del ordenador, que si quiero mezclar bien tengo que pasarme horas y horas con los platos. Pues la gestión emocional también se entrena, y cuanto más practiquemos, mejor gestionaremos las emociones que sentimos y mejores decisiones tomaremos.

Y hablando de formación, otra área que compartimos es la docencia y la divulgación. Háblame un poco de esa otra faceta tuya

Me licencié en Sociología y posteriormente cursé un máster en Counselling (Asesoramiento Emocional). Desde entonces llevo muchos años dedicado a la docencia y a la gestión emocional, también como formador de formadores.

He sido docente en distintas universidades y, además, he dirigido proyectos con jóvenes en riesgo de exclusión social, algo que me marcó profundamente a nivel profesional y personal. A raíz de la pandemia comenzaron a surgir muchas demandas de cursos, talleres e intervenciones en institutos y otros centros educativos. Fue un momento donde se hizo muy evidente la necesidad de espacios estructurados para hablar de emociones.

En el ámbito educativo he trabajado mucho la alfabetización emocional: ayudar a identificar lo que sentimos, regularlo y comunicarlo mejor. Y algo que me llamó la atención es que muchas de esas carencias que veía en adolescentes también estaban presentes en adultos, incluso en artistas con carreras consolidadas

 Y con tanto movimiento, ¿cómo lidias en tus propias carnes con el estrés y la ansiedad de tener una carrera musical, una como docente y otra como terapeuta?

Llevo años intentando encontrar algo que me parece básico en mi vida: equilibrio. A veces siento que lo he conseguido, y a veces me siento lejos de lograrlo, pero siempre me esfuerzo por intentarlo.

Al final mi vida se mueve en una dualidad constante entre la noche y el día, y la propia realidad horaria hace imposible abarcarlo todo como me gustaría. No es un secreto que a veces he tenido que dar clases, talleres o conferencias sin haber dormido, pasando directamente de la cabina al aula. Por eso intento gestionar la noche como una parcela más de mi vida laboral.

Y como creo que mucha gente en esta industria lo está perdiendo o lo busca con cierta urgencia, para terminar, me gustaría que compartieras con nuestros lectores rasgos o indicativos claros de que algo no está bien en la manera en la que estás enfocando/sosteniendo/arrastrando tu carrera como artista.

Creo que hay señales bastante claras, aunque a veces preferimos no mirarlas.

Una muy clara es cuando dejas de disfrutar de aquello que haces, incluso de los logros. Cuando por ejemplo consigues algo que llevabas mucho tiempo anhelando y la sensación de satisfacción dura minutos, porque ya estás pensando en lo siguiente.

Otra señal, por ejemplo, es que tu estado de ánimo dependa exclusivamente de lo que sucede fuera, un booking, una publicación, una interacción. Si tu autoestima depende exclusivamente de inputs externos, algo no va bien.

También es un indicador el funcionar desde la ansiedad constante, con una enorme dificultad para desconectar de tu alter ego artista. Esa necesidad de estar siempre produciendo o mostrando movimiento por miedo a “quedarte atrás”.

Y quizás la señal más importante, cuando tu carrera empieza a generarte más angustia que satisfacción. Una carrera artística no debería implicar desgaste constante.

Reconocer alguna de estas señales no significa tener que abandonar tu carrera, simplemente parar para analizar la situación de la manera más objetiva justa y realista posible

Qué maravilla de charla, Marcel. Muchísimas gracias por tu increíble y necesario testimonio. Ojalá que entre todos arrojemos un poquito de luz a las sombras que esta profesión, por desgracia, genera. Te deseo un 2026 lleno de buena salud y buena música.

Muchísimas gracias a ti. Ha sido un placer responder a tus preguntas.

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