Bajo el hashtag #SaveTheUnderground, Tresor.West anuncia límites en los cachés de los artistas que actúen en el club.
La noticia llega desde una Alemania que ha vivido uno de sus peores años en lo que a salud clubbing se refiere. Según informaba el propio Tresor.West a través de su perfil de Instagram hace unos días, en 2025, el 81% de los clubs declararon estar pasando por un verdadero desafío en términos de rentabilidad. El club de Dortmund añade que, con el fin de sobrevivir en una escena maltrecha, “se ven obligados a tomar nuevos caminos y desarrollar nuevos conceptos”. Una de esas medidas consiste en el establecimiento de límites en el fee de los artistas, “independientemente del estilo musical, el alcance o el reconocimiento del nombre de los artistas individuales”.
¿Pero qué hay detrás de una decisión tan drástica? ¿En qué momento se encuentra el clubbing? ¿Está el underground tocado y hundido? Son muchas las voces que se han alzado por toda Europa denunciando la dudosa calidad de muchos de los y las neoDJs que han irrumpido, en muchos casos, con carencias alarmantes y exigencias desorbitadas, a cambio de cachés difícilmente asumibles por parte de los clubes; algo que ha provocado una brecha gigantesca entre lo que cobra un DJ mediático y uno emergente. Pero, en muchos casos, dejar de contar con esos artistas más pegados a las tendencias actuales, supone un decaimiento en la venta de tickets, recesión que muchas salas no pueden afrontar en el medio-largo plazo.

Otras causas, sin duda, son la popularización de las RRSS como escaparate artístico, donde la calidad musical y la profesionalidad, en muchos casos, han dejado de estar en el centro de las decisiones de bookers y promotores. La música por sí sola ya no es suficiente para vender tickets. Si a esto sumamos la explosión de festivales durante todo el año, el relevo generacional que ha sufrido la electrónica tras el parón pandémico y el momento d precariedad y crisis que vivimos a nivel global, la situación, para muchos, se vuelve insostenible. Mantener viva la esencia del club tal y como lo entendimos en décadas anteriores parece misión imposible. Este cóctel destructor que implica un cambio de paradigma rotundo ha dado una estocada mortal al underground.
¿Tiene futuro el underground frente al avance del mainstream?
Por tanto, la pregunta es clara, ¿vivimos un momento en el que es mandatory venderse artísticamente para poder sobrevivir? ¿Podremos revertir este fenómeno de fórmulas pop aplicadas a la electrónica? ¿La resistencia será lo suficientemente fuerte y consistente como para soportar el envite de la apisonadora mainstream? Y, por otro lado, ¿veremos resurgir la esencia, la autenticidad y la música de calidad de entre las cenizas, o por el contrario otros clubs seguirán el ejemplo de Tresor.West para resistir el vendaval? Desde BCN Resistance esperamos que 2026 nos sorprenda con respuestas positivas.
