Con más de cuatro décadas detrás de los platos, Gustavo López es una de esas figuras cuya trayectoria permite recorrer buena parte de la evolución de la música electrónica. Desde sus comienzos en Buenos Aires en 1986 hasta su llegada a Barcelona en el año 2000, ha formado parte de algunas de las etapas y proyectos más importantes de la escena argentina, pasando por colectivos como Urban Groove, espacios como Pantheon y K2 y grandes eventos como la Rave Sudamericana.
Después de tantos años de carrera, diferentes escenas y una relación con la música que nunca ha dejado de transformarse, Gustavo atraviesa ahora una nueva etapa en la que vuelve a conectar con el DJ y con la pasión que le llevó a ponerse por primera vez frente a unos platos. Hablamos con él sobre sus comienzos, la evolución de la escena, su llegada a Barcelona y todo lo que queda todavía por bailar.
Empezaste como DJ en Buenos Aires en 1986. Cuéntanos cómo era el Gustavo López de aquella época: qué música escuchabas, qué te atraía de la cabina, cómo llegaste a ella y qué recuerdas de aquellos primeros pasos. ¿Qué significaba para ti ser DJ cuando decidiste empezar?
Sí, comienzo mi carrera en el año 1986, pero sí es verdad que el tema con la música mío viene de muy pequeño.
Yo ya, cuando tenía 6 o 7 años, en cualquier casa de la familia en esas épocas había siempre un tocadiscos y vinilos pequeños de 10 pulgadas o de 12, que era lo que tenía habitualmente una familia en casa para escuchar música.
Y yo, sí es verdad que cuando iba a la casa de mis tíos, siempre llegaba y, a donde iba, al sector donde estaba el tocadiscos, como se llamaba en la época, escuchaba los vinilos que tenían. Cada tío tenía un gusto muy particular.
A partir de ahí, cuando empecé en el año 86, veníamos de los fines de los 70, de la música de los 70, rock sinfónico y música disco. Siempre estuve muy interesado en el tema de la música y, en mis comienzos, organizamos los llamados asaltos (aquí, guateques) en Argentina, literalmente en casas. Con equipos muy precarios. Luego fui avanzando y comencé haciendo fiestas de quinceañeros y casamientos… y durante la semana eso.
Cuando comencé a trabajar, el dinero que ganaba, más las fiestas de 15 y demás, me generaban los ingresos que necesitaba para invertir en lo que iba a ser mi profesión, ya que desde los 15 años tenía claro que quería ser un DJ profesional.
Siempre me gustó todo lo que tenía que ver con la música y con lo artístico. Yo creo que podía haber sido tanto DJ como un guitarrista, un pianista o músico en general. Estudié varios instrumentos, pero nunca terminé de dedicarle tiempo. A lo que de verdad le dedicaba horas era al tema de pinchar; se me daba muy bien y decidí enfocarme en llegar a ser un DJ profesional. En aquellas épocas no existían los platos de vinilo que hay ahora. Los primeros platos de vinilo, en aquellas épocas, la transmisión del motor era a correa, luego a polea, y la revolución fue el Technics 1200, con su transmisión electrónica. Cuando se pinchaba con transmisión a correa y a polea era bastante complicado, había que ser muy preciso y llevaba su tiempo.
Lo de Technics 1200 luego fue una revolución, pero yo empecé a pinchar antes de que existiera Technics 1200. En aquella época comenzamos a pinchar con platos de transmisión a correa: Technics, Pioneer, Akai… El plato que normalmente se usaba en la mayoría de las discotecas del mundo era un plato que se llamaba Lenco L75E.
Los primeros platos que tuve en mi vida fueron unos platos de una marca argentina que se llamaba Galileo. Lo fuerte de esto era que no tenían regulación de velocidad; la velocidad se la dábamos con unos papelitos que poníamos entre la base y el plato, donde iba el vinilo. Teníamos papelitos de distintos tamaños que, al apretar el plato sobre la base, hacían que girara más rápido o lento. Era realmente artesanal.

Han pasado cuarenta años desde aquel momento. Si tuvieras que contarle a alguien de una generación que ha crecido con Spotify, redes sociales y acceso inmediato a cualquier artista cómo era empezar como DJ en 1986, ¿cómo se descubría la música, cómo se aprendía a pinchar y cómo encontrabas a las primeras personas con las que compartir aquella afición?
Pues las personas con las que empecé a compartir esta profesión, cuando todavía no era profesional, eran amigos a los que también les gustaba y esos DJs que yo iba a escuchar a las discotecas. Me pasaba horas al lado de ellos mirándolos. Al final terminabas haciendo amistad porque te veían cada fin de semana y, al final, te hacías colegas de esta gente y empezabas a compartir charlas con ellos de música, de técnica, que hacían que te nutrieras de la profesión.
Yo absorbía cada palabra de cada uno de ellos porque eran gente que ya llevaba muchísimo tiempo pinchando. Con alguno de ellos empecé a hacer las fiestas de 15, casamientos fuera de las discotecas, Daniel Sánchez. Eso te va dando experiencia, horas de vuelo para ir aprendiendo detalles de la profesión. Como siempre digo, al final se aprende equivocándose. No hay nada mejor que equivocarse en la pista para mejorar y corregir errores.
La música, básicamente, en aquellas épocas era todo a vinilo. Teníamos tiendas normales de discos. Tuve con mi padre una durante unos ocho años y gente que se dedicaba específicamente a música para DJs, que viajaban a EE. UU. y Europa. Te visitaban en casa o, si eras residente en la misma discoteca, ya que en esas épocas cada local tenía su propia discografía (maxis, singles, 12”). Info, por ejemplo, en revistas como Billboard. Esto hacía que fuéramos bastante recelosos con la música, ya que costaba mucho conseguirla y ser diferente. Ahora mismo está toda en internet; la música electrónica vino más adelante.
Antes de que existiera una escena, hubo que crearla. Cuéntanos cómo recuerdas aquellos primeros años en Buenos Aires, qué lugares, fiestas y personas fueron importantes para ti y cómo fuiste encontrando tu sitio dentro de aquella escena.
Particularmente, hay tres discos que me llevan a la música electrónica: Robot, de Kraftwerk; From Here to Eternity, de Giorgio Moroder; y Cara a Cara, de Gino Soccio.
Comencé a conocer DJs que compartían mi gusto musical y fuimos armando tribu: gente del oeste, del sur, del norte de Buenos Aires, cada uno con sus seguidores. Hacíamos fiestas un finde en un lugar, otro en otra zona; cada uno traía su gente, se armaban lindas fiestas. Un verano me ofrecen ir a hacer temporada a Mar del Plata, a una discoteca llamada Buldog. Eso fue un punto de inflexión en mi carrera, me dio a conocer y me abrió las puertas a Capital Federal. Comienzo a hacer alguna sesión en El Dorado, uno de los templos del underground de la ciudad, junto con Age of Communication, El Moroco y luego llegaría Ave Porco.
En un momento me ofrecen trabajar en un club que se llamaba Fellini con un amigazo, Pablito. El lugar no funcionaba, pero cada noche, al final de hora, llegaba gente y poco a poco se transformó en un afterhours brutal que ya me dio mucha visibilidad. De allí pasé a otro club, Caniche, y a una residencia en otro after, en Club Caix. Resumo un poco, si no sería interminable, jaja.
Hoy parece muy sencillo descubrir a un DJ o saber dónde va a tocar, pero entonces la información circulaba de otra manera. ¿Cómo era una noche electrónica en Buenos Aires durante los 80 y los 90 desde tu perspectiva, qué ocurría alrededor de esas fiestas y qué crees que tenía aquella escena que hizo que te quedaras dentro de ella durante tantos años?
Los 90 de Buenos Aires fueron muy especiales y la base fundamental para lo que sería luego el movimiento y la cultura electrónica en Argentina. Como dije anteriormente, hubo cinco templos fundamentales en la ciudad donde se cocinó todo: Age of Communication, El Dorado, El Moroco, Ave Porco y nuestro afterhours (Pantheon-K2).
Lugares donde sonaba esta música de vanguardia, tanto House como Techno, y un ambiente donde se mezclaban los que serían llamados ahora clubbers, DJs, artistas en general, músicos, artistas plásticos, escritores, colectivo LGTB y mucho clima de tolerancia y respeto. No todo el mundo conocía estos locales; si no estabas medianamente informado de este movimiento, prácticamente nuevo, inclusive a nivel global, que era la música electrónica.
Se informaba mediante flyers que circulaban en ciertos bares y galerías de ropa de diseñadores nuevos y modernos (Bond Street), que es por donde se movía toda esa gente.
Con respecto a qué me ha hecho quedar en la escena tantos años, no fue la escena, fue el ser DJ (Disc Jockey). Lo tuve claro desde los 15 años y será hasta donde mi físico y mi cabeza me lo permitan, que ya van 40 años. Tengo amor absoluto por la música y esta profesión.
Urban Groove es uno de los nombres fundamentales de tu trayectoria. Cuéntanos cómo nació el colectivo, quiénes formabais parte de él, qué queríais hacer juntos y qué recuerdas de aquel momento en el que empezasteis a darle una forma más definida a todo lo que estaba ocurriendo alrededor de la música electrónica en Buenos Aires.
Aquí viene una parte muy importante en mi vida y en mi carrera artística (10 años): URBAN GROOVE.
El colectivo nació en el Club Caniche. Diego Cid, DJ amigo y pionero de la electrónica en mi país, decide hacer en este lugar los sábados una cabina abierta donde podamos expresarnos todos los colegas DJs que compartamos el mismo gusto musical (House & Techno), por donde pasaron muchísimos colegas DJs de la época. Con el tiempo nos dimos cuenta de que, con continuidad, éramos siempre los mismos ocho DJs. Decidimos crear un colectivo y es donde damos a luz a URBAN GROOVE: Diego Cid, Miguel Silver, Luis Nieva, Gustavo Lopez, D’Jason, Jam’on, Magoo, L’Inspetor y, más adelante, nuestro niño malcriado y adoptado por todos, dicho esto con todo el amor del mundo (Jr Lopez-Flug)…… La persona que más amo en este mundo junto con mi hija.

A través de Urban Groove estuvisteis muy vinculados a sonidos procedentes de Chicago y Detroit. ¿Qué significaban para ti el House de Chicago y el Techno de Detroit en aquellos años, qué discos o artistas fueron importantes para tu formación como DJ y cómo fueron cambiando tus gustos a medida que ibas descubriendo nueva música?
Todo nuestro colectivo de DJs (Urban Groove) veníamos de la escuela del House de Chicago y el Techno de Detroit, luego se suma toda la parte europea. Dato puntual: todos los DJs pioneros de electrónica argentinos pinchamos tanto House como Techno.
Nuestros artistas referentes por el lado House: Frankie Knuckles, Larry Heard – Mr. Fingers, Ron Hardy, Steve “Silk” Hurley, DJ Pierre, Marshall Jefferson, Lil Louis, Green Velvet, entre otros. Personal no americanos: Giorgio Moroder, Gino Soccio.
Nuestros artistas referentes por el lado Techno: Juan Atkins, Derrick May, Kevin Saunderson, Eddie Fowlkes, Jeff Mills, luego Carl Craig y Robert Hood.
Richie Hawtin (Plastikman), (Kraftwerk).
Pantheon, K2 y la cultura underground
Durante los 90 participaste en proyectos como Pantheon y K2, además de otras fiestas que fueron creciendo hasta reunir a miles de personas. Cuéntanos qué recuerdas de aquellos espacios, cómo eran esas noches desde dentro y qué significaba para ti formar parte de una escena que todavía estaba buscando su propia manera de hacer las cosas.
Pantheon y K2 fueron nuestro templo (AfterHours). El primero se llamaba así porque por la noche era Dark Gótico, es más, no se cerraba y luego abría el after. Funcionaba, entraban unas 250 personas. Luego K2, ya otro local más grande, en un subsuelo, donde entraban 600+ personas, con dos pistas, una House y otra Techno. Abríamos viernes y sábados de 6:00 a 14:00 h, durante un periodo de unos ocho años. Lugar de culto por donde han pasado DJs y músicos importantísimos a nivel nacional e internacional, tanto a pinchar como de fiesta: Ricardo Villalobos, Ángel Molina, Brixton, Freddie Fresh, Stewart Walker, Dany Rampling, Chemical Brothers, Neil Landstrumm, DJ Randy, Woddye Macbray, DBX Daniel Bell, Bono U2, The Mission.
En 1998 llegó la Rave Sudamericana, con una convocatoria de miles de personas y una propuesta que conectaba diferentes escenas de Sudamérica. Cuéntanos cómo surgió aquella rave, qué papel tuviste en ella, cómo se vivió desde dentro y qué significó para ti encontrarte delante de una cantidad de público que probablemente era difícil de imaginar cuando empezaste a pinchar.
Nuestras fiestas Raves fueron cuatro: tres Ultimate Rave y la Rave Sudamericana. Si las trasladamos al 2026 por la temática, en realidad serían festivales más que raves. Estas fiestas marcaron un antes y un después en nuestro país. En la primera convocamos 5.000 personas, la segunda 7.000, la tercera 14.000 y la Sudamericana 20.000, y se realizó en cuatro países diferentes.
Estas fiestas nos dieron visibilidad ante la prensa y los medios de comunicación, ya que en esos años solo bandas de Rock o Pop convocaban tanta gente. Era la primera vez que DJs tenían esa convocatoria y con esa música. Esto llevó a que grandes empresarios del ocio quisieran hacer cosas con nosotros. Por ello fuimos teloneros de artistas que hemos traído con estos empresarios (Kraftwerk, Chemical Brothers, Prodigy).

En el año 2000 llegaste a Barcelona después de haber construido una trayectoria importante en Buenos Aires. Cuéntanos por qué decidiste venir, cómo fueron tus primeros meses aquí y cómo viviste el hecho de llegar a una escena nueva después de tantos años formando parte de la escena argentina.
Siempre quise conocer Europa y, como mis padres son españoles, decidí probar y seguir con mi carrera en España. Si bien mis padres son de Gijón, me instalé en Barcelona, ya que para mí era una ciudad referente de música electrónica (SÓNAR).
Un poco loco, ya que en mi país era un DJ de renombre y aquí no me conocía nadie, pero como nunca me gustó estar todo el tiempo en mi zona de confort, era un reto y aquí llegué. No me conocían, pero llevaba en mi espalda años de experiencia y sabía cómo moverme. Una noche una persona me presentó en el Moog a gente que en esos años llevaba un sello y agencia de booking (Neutone). Les conté un poco mi trayectoria y quedamos para mostrarles una carpeta donde estaba gran parte de mi historia.
Llevas más de dos décadas en Barcelona y has conocido de cerca muchas etapas de su cultura de club. Desde tu experiencia y desde el tipo de música que estás pinchando actualmente, ¿qué clubes, salas o proyectos de la Barcelona de hoy sientes que están haciendo las cosas especialmente bien y que crees que merece la pena conocer? Cuéntanos qué buscas actualmente en un club y qué tendría que tener una sala para que sintieras que tu música encaja allí.
Cuando llegué aquí me encontré una Barcelona muy hausera en general. Como yo pincho tanto House como Techno, me fue muy difícil encajar y, con la ventaja que traía, un sonido House americano que aquí no muchos DJs ponían, y eso fue un plus.
A diferencia de aquellas épocas, donde me di a conocer y volví a crecer como DJ de House, actualmente estoy pinchando Techno, un registro que no mucha gente conocía de mí aquí, pero el cual pinché diez años en mi país. Creo que puedo encajar actualmente en cualquier club, ya sea Techno o House. Los años te dan una experiencia y lectura de pista que te permiten ser todoterreno y adaptarte a cualquier sala donde cuadre tu sonido.

Has vivido prácticamente todas las grandes transformaciones de la profesión. Cuéntanos cómo entiendes hoy ser DJ y qué significa para ti estar delante de una pista. ¿Qué buscas cuando pinchas y qué tiene que ocurrir durante una sesión para que sientas que realmente ha funcionado?
Siempre entendí esta profesión… Frente a una cabina somos los que tenemos que hacer bailar, contando una historia, conectando con el dancefloor y haciendo conocer música nueva al público que tienes delante, sean 20, 100, 500, etc. Si el público, que es el que escucha, se va feliz, es que mi trabajo estuvo bien hecho, teniendo en cuenta que hay días que brillamos más, otros menos. Somos humanos, pero siempre intentando cumplir como profesionales que somos.
Cuando empezaste, construir una colección de música podía llevar años y encontrar determinados discos requería viajar, buscar en tiendas y conocer a otras personas. Hoy la situación es completamente diferente. Cuéntanos cómo ha cambiado tu relación con la música durante estas cuatro décadas y qué cosas has mantenido intactas en tu manera de preparar y vivir una sesión.
Creo que, en general, mi relación con la música sigue siendo más o menos igual que otras épocas. Sí es verdad que actualmente es mucho más fácil conseguir la música, a diferencia de cuando solo se pinchaba con vinilos. Yo, particularmente, con tantos años pinchando, ya he creado mi sonido en mis sesiones, más allá del disco que ponga. Tanto en House como Techno, en Argentina y aquí, se me ha definido como un DJ de groove y elegante en mis sesiones y sí creo que es mi sello personal en mis sets.
Tu trayectoria ha pasado por House, Minimal, Techno y diferentes momentos de la electrónica. Si alguien que nunca te ha escuchado te preguntara cómo suena Gustavo López, ¿cómo se lo explicarías tú? Cuéntanos qué música te representa actualmente, qué buscas en un track y cómo ha evolucionado tu manera de construir una sesión con el paso de los años.
Pues Gustavo López suena a groove elegante, siempre intentando contarle a la gente una historia y muy perfeccionista en mi técnica y mis mezclas, intentando siempre fusionar la música más que mixearla. Siguen representándome los mismos sonidos y estilos, cada uno de ellos con sus evoluciones y matices, y actualmente otra vez vuelvo a tener un romance con el Techno.
Después de haber vivido momentos de tanta actividad, grandes eventos y una carrera internacional, actualmente estás en una etapa más tranquila. ¿Cómo estás viviendo este momento de tu carrera y qué relación tienes ahora con la música, la cabina y todo lo que has construido durante estos años?
Actualmente estoy viviendo un momento de volver a reencontrarme conmigo, con Gustavo López, ya que estuve unos años alejado de la profesión y de lo que representa el ser DJ para mí, que es amor puro e incondicional con esto y con la música. Tuve una depresión que me alejó y me hizo perder ese amor y pasión, que con trabajo he recuperado, y ahora mismo estoy nuevamente enamorado y, con una madurez, vuelvo a emocionarme y emocionar a los que me escuchéis. He vuelto para quedarme hasta donde mi físico y mi cabeza me lo permitan.
Has visto nacer escenas, géneros, clubs y generaciones enteras de DJs. Desde todo lo que has vivido, ¿qué consejo le darías a alguien que hoy está empezando a pinchar?
Que lo hagan con pasión, no por moda o ser famosos. Que, si os lo planteáis así, con perseverancia y convicción llegaréis hasta donde queráis. El límite lo ponéis vosotros y, sobre todo: humildad, generosidad y compartir, no competir.
Para terminar, volvamos al principio. Si pudieras sentarte hoy con aquel Gustavo López que empezó a pinchar en 1986 y contarle todo lo que va a ocurrir durante los siguientes cuarenta años, ¿qué le dirías? ¿Y qué te gustaría que quedara de toda esta historia cuando alguien escuche tu nombre dentro de otros veinte años?
Amigo mío, cuántas historias, idas y venidas, cuántos objetivos logrados con amor y convicción, momentos de oro, otros no tanto, que nos enseñan y nos hacen madurar y, sobre todo, esa gente que te encuentras después de años mientras tú sigues al pie del cañón y te dice y agradece cuánto la has hecho bailar y pasar momentos y épocas inolvidables. Y piensas: solo por esto valió la pena. Si vuelvo a nacer, que sea haciendo lo mismo, por favor. Abrazo grande para todos. Nos vemos en las pistas.
Muchas gracias, Gustavo. Ha sido un placer recorrer contigo estas cuatro décadas de historia y conocer de cerca las experiencias, personas y escenas que han marcado tu camino. Nos quedamos con esa pasión por la música que sigue intacta y con ganas de ver todo lo que queda por venir.

