MATT.P | CONSTRUIR COMUNIDAD MÁS ALLÁ DE LOS ALGORITMOS

Empezó a buscar los 135 BPM cuando la inmensa mayoría de la escena todavía se movía en ritmos mucho más lentos. Con el tiempo, esa inclinación natural hacia el schranz y los sonidos más contundentes llevó a Matt.P a dar un paso más allá de la cabina. En 2025 organizó su primer evento en una masía con un planteamiento muy directo: apostar por un cartel de artistas locales fijándose estrictamente en su talento y técnica, dejando al margen el número de seguidores. Esa noche terminó desbordando las previsiones de aforo iniciales y plantó la semilla de lo que hoy es Crazy But Real.

Convertida ahora en una residencia mensual en la sala MALOA de Sabadell, la promotora se consolida defendiendo un circuito donde la calidad musical y el sentido de pertenencia pesan más que los contactos o la imagen de marca. Hablamos con su creador sobre sus primeros platos en las fiestas de pueblo, las contradicciones de una industria obsesionada con los números, la diferencia real entre tener público y crear familia, y los límites que no piensa cruzar para hacer crecer el proyecto.

Hola Matt, muchas gracias por tu tiempo y por participar en esta entrevista con BCN Techno Resistance. La idea es conocer un poco más tu trayectoria y, sobre todo, entender cómo nace Crazy But Real, qué hay detrás del proyecto y cómo ha evolucionado desde sus inicios. También hablaremos de CBR, su comunidad, MALOA, las colaboraciones y hacia dónde quieres llevar todo esto. No dudes en explicar todo lo que quieras; cuanto más completa sea la respuesta, más fácil será transmitir bien la idea y el mensaje qué quieres dar con el proyecto. 

Antes de hablar de Crazy But Real, vale la pena detenerse en la persona que hay detrás. ¿Dónde nace tu vínculo con la música y cómo fue tomando forma esa vocación hasta convertirte en el DJ que eres hoy? ¿Qué momentos marcaron especialmente ese recorrido?

Creo que para entender quién es MATT.P hay que remontarse a cuando tenía unos 11 o 12 años. Todo empezó en una fiesta mayor de mi pueblo. Allí vi a Ramón, un DJ del pueblo que con el tiempo se convertiría en uno de mis mejores amigos y, sobre todo, en mi gran maestro. Él es, en gran parte, responsable de todos los bailes que he podido regalaros a día de hoy.

Su “error” fue invitarme un día a su estudio, porque después ya no había manera de sacarme de allí. Me pasaba todas las tardes practicando, aprendiendo y absorbiendo todo lo que podía de él. Desde el primer día me lo tomé en serio. Recuerdo ver a Ramón encima del escenario y pensar que eso era lo que yo quería hacer: hacer disfrutar a la gente a través de la música.

Mi primer equipo fueron una mesa de mezclas y dos CDJ de Akiyama que me regaló mi madre por Navidad. Para mí ese detalle tiene muchísimo valor, porque desde el principio siempre he sentido un apoyo enorme por parte de mi familia. Mi primer bolo fue en un bar de mi pueblo y, a partir de ahí, empezaron a llegar fiestas mayores, bares de pueblos cercanos y alguna discoteca.

Musicalmente empecé con techno y hardtechno. Durante algún tiempo también tuve que adaptarme y pinchar otros estilos, como tech house, pero siempre tuve claro dónde quería estar realmente. Incluso antes de que el Hard Techno y el Schranz se convirtieran en una tendencia, yo ya buscaba música cada vez más rápida y contundente. Cuando la mayoría de la escena estaba alrededor de los 128-130 BPM, yo ya estaba buscando productores y tracks que superaban los 135 BPM. Por eso algunos empezaron a llamarme “loco”.

Y, sinceramente, creo que ese “loco” siempre ha formado parte de mí.

Cuando descubrí el Schranz sentí que había encontrado exactamente lo que quería representar. Es un sonido que me llena, que me hace feliz y que siento que me representa de verdad. Artistas como DJ Rush, Viper XXL, O.B.I. o Frank Kvitta fueron algunas de mis referencias y me ayudaron a entender hacia dónde quería llevar mi sonido.

A lo largo de estos años he tenido momentos muy especiales: Mediterránea Festival, Tramunfest, After Duro Festival en Terminal Sabadell, Hater Madrid o Reset Club Zaragoza son actuaciones que guardo especialmente.

Pero si tengo que elegir una, probablemente me quedaría con Mediterránea Festival. Poder estar delante de más de 1.000 personas, ver a todos mis amigos en primera fila con pancartas con mi nombre, escuchar a la gente coreándolo y pidiendo más… es algo que no se olvida.

También ha habido momentos en los que he pensado en dejarlo. Y creo que es importante decirlo, porque desde fuera muchas veces parece que todo es sencillo cuando realmente no lo es. De hecho, actualmente estoy intentando alejarme un poco de la dinámica de bolos para dedicar muchas más horas al estudio y a la producción, porque es algo que me está llenando muchísimo.

Sigo amando los escenarios, pero también necesito sentir que estoy creciendo como artista.

Y soy bastante crítico con algunas cosas que veo en la escena. Me cuesta entender que tantas veces las oportunidades terminen concentrándose en los mismos nombres por amistades, contactos o simplemente porque aceptan determinados cachés. No quiero entrar en guerras ni señalar a nadie, pero sí creo que debería existir más espacio para el talento, el trabajo y la gente que realmente tiene algo que aportar.

Después de años viviendo la escena desde la cabina, decidiste dar el salto a la organización de eventos. ¿Qué necesidad o inquietud te llevó a crear un proyecto propio y qué te había enseñado tu trayectoria para afrontar ese nuevo papel?

Siempre tuve esa espinita de organizar mi propio evento y experimentar lo que se siente al estar al otro lado. En 2025 sentí que estaba viviendo uno de mis mejores momentos como artista y decidí aprovecharlo para dar ese paso.

Pero desde el principio tuve claro que no quería organizar simplemente una fiesta. Quería utilizar esa oportunidad para dar visibilidad y oportunidades a DJs locales que, independientemente de su estilo o del número de seguidores que tuvieran, yo consideraba que tenían muchísimo talento.

Así nació el primer evento de Crazy But Real.

Fue un F2F all night long en una masía, en el que estuve más de seis horas mezclando junto a diferentes artistas y amigos. Elegí precisamente el formato F2F porque quería que se pudiera ver realmente el talento de cada uno. Además, para mí también fue un desafío: no solía hacer ese formato y tenía que estar durante horas adaptándome a los diferentes géneros y estilos de cada artista.

Había personas con propuestas musicales muy diferentes entre sí, pero todas tenían algo en común: sabían mezclar y tenían algo que aportar.

Cuando terminó aquella noche, tuve bastante claro que esto no podía quedarse en un único evento. Había descubierto que organizar, crear una experiencia y, sobre todo, generar oportunidades para otros artistas me llenaba tanto como estar yo detrás de los platos.

Ahí entendí que Crazy But Real podía ser mucho más que una fiesta. Podía convertirse en una forma diferente de hacer las cosas.

La figura del DJ y la del promotor responden a responsabilidades distintas, aunque en tu caso conviven en un mismo proyecto. ¿Qué principios guían tu manera de entender la música y qué parte de esa visión intentas trasladar a la organización de eventos?

Para mí, lo más importante es ser fiel a tu sonido, incluso cuando ese sonido no sea el que más vende. Creo que si lo que haces no te llena, no te gusta y no lo disfrutas al cien por cien, es muy difícil conseguir que otra persona disfrute a través de tu música. Para mí, transmitir es una de las partes más importantes de ser DJ.

Ser real también significa que lo que dices, lo que haces y lo que defiendes estén alineados, incluso cuando hacerlo así no sea lo que más te conviene. No cambiar quién eres para encajar, no aparentar algo que no eres, aceptar tu propio proceso, defender tus valores incluso cuando nadie está mirando y, sobre todo, no venderte por conseguir algo rápido.

Como promotor intento aplicar exactamente la misma filosofía. Cuando tengo que elegir a un artista, para mí el talento, la técnica y la conexión con el público están por encima de los seguidores o del nombre que tenga. Los números pueden ayudar a llenar una sala, pero no son los que hacen que un artista sea bueno.

Y creo que ahí está también la diferencia entre MATT.P como DJ y MATT.P como la persona que está detrás de Crazy But Real.

Como DJ soy bastante “loco”. Una vez cargo el primer track, me olvido de todos los problemas y solamente pienso en disfrutar y hacer disfrutar a la gente. Es mi manera de desconectar de todo.

Pero detrás de CBR hay una parte de mí mucho más enfocada en construir. Tengo muchas ganas de dar oportunidades a otros artistas, apostar por gente con talento, crear una escena alrededor de un sonido y defender una manera concreta de entender la cultura de club.

Al final, para mí todo se resume en una cosa: no quiero hacer algo porque sea lo que funciona; quiero hacer algo porque creo en ello.

El nombre Crazy But Real parece condensar una actitud que va más allá de lo estrictamente musical. ¿De dónde surge esa expresión y qué aspectos de tu personalidad o de tu manera de hacer las cosas representa?

El nombre nació mucho antes de que existiera Crazy But Real como proyecto. Durante mis primeros años como DJ, mucha gente me decía que estaba un poco loco por el tipo de música que pinchaba y, sobre todo, por los BPM a los que lo hacía.

Y pensé: ¿por qué no? Soy un poco loco. Pero también soy muy real.

Así nació Crazy But Real. El nombre lo inventé yo y, sinceramente, no hay una historia especialmente complicada detrás. Es exactamente lo que dicen las palabras: loco, pero real.

Siempre he sentido que esa combinación me representa. No solamente con la música, sino también con mis amigos, mi familia y en prácticamente todos los ámbitos de mi vida. Hago las cosas a mi manera y muchas veces puedo parecer un poco loco, pero intento ser siempre fiel a quien soy.

Por eso me pareció una forma muy rápida de resumirme en dos palabras.

Con el tiempo, esas dos palabras dejaron de representar solamente a MATT.P y empezaron a representar una manera de entender las cosas. Y ahí fue cuando Crazy But Real empezó a convertirse en algo mucho más grande que un simple lema.

Más allá de su nombre y de los eventos que organiza, todo proyecto nace de una intención concreta. ¿Qué es Crazy But Real en esencia, qué necesidad viene a cubrir y qué sentido quieres darle dentro de la escena?

Para mí, Crazy But Real no es simplemente el nombre de una promotora ni una frase. Es una forma de hacer las cosas.

“Crazy” representa atreverse. Atreverse a hacer algo que desde fuera puede parecer difícil, arriesgado o incluso una locura: apostar por un único sonido, empezar algo desde cero, dar oportunidades a artistas que todavía no tienen un nombre grande o querer construir una escena diferente.

Y después está “But Real”, que es la parte que pone los pies en la tierra. Porque una cosa es atreverse a perseguir algo y otra muy distinta es hacerlo de verdad. Sin aparentar, sin comprar una imagen, sin vender una identidad que no sea la nuestra y sin cambiar nuestros principios simplemente porque otra cosa funcione mejor.

Creo que vivimos en una época en la que es muy fácil construir una imagen de algo que realmente no eres. Nosotros queremos hacer justamente lo contrario. Que lo que mostramos fuera sea exactamente lo que somos dentro.

Por eso, si tuviera que definir Crazy But Real en una frase, diría que es atreverse a perseguir algo que parece una locura, pero hacerlo de verdad, siendo fiel a quien eres y a lo que crees.

En una escena donde la visibilidad, los contactos y las tendencias pueden condicionar las oportunidades, tomar posición también define la identidad de una promotora. ¿Qué valores queréis defender desde CBR y con qué dinámicas de la industria no os identificáis?

Defendemos cuatro cosas principalmente: el talento, el trabajo, la autenticidad y, sobre todo, la gente real.

Creemos que un artista debería tener la oportunidad de demostrar lo que vale por lo que hace, no solamente por los números que aparecen en su perfil. Los seguidores pueden ayudarte a tener visibilidad, pero no deberían decidir quién merece estar encima de un escenario.

Y eso también implica defender a la gente que está detrás, que trabaja, que se esfuerza, que sigue apostando por lo que le gusta aunque todavía no tenga reconocimiento. Para nosotros, esa gente tiene muchísimo valor.

Por el otro lado, rechazamos todo lo que sentimos que va en contra de esa filosofía: el postureo, los seguidores o likes comprados, cambiar de sonido simplemente porque algo está de moda o utilizar la escena únicamente como una herramienta para conseguir visibilidad.

También nos cuesta entender que muchas veces acabemos viendo las mismas caras una y otra vez, mientras que hay artistas con muchísimo talento que no tienen prácticamente oportunidades. Y lo mismo ocurre cuando los precios de las entradas o los cachés se disparan hasta hacer que una fiesta deje de ser accesible para mucha gente.

No digo que un artista no deba cobrar lo que considera que vale, ni que los nombres grandes no tengan su lugar. Por supuesto que lo tienen. El problema aparece cuando parece que los números, los contactos o el dinero pesan más que el talento.

Nosotros queremos intentar hacerlo de otra manera.

Queremos que una persona pueda entrar a una fiesta de Crazy But Real sin saber quiénes son todos los artistas del cartel y salir pensando: “No conocía a este DJ, pero acabo de descubrir algo increíble.”

Para mí, eso también es construir escena.

Si tuvieras que dejar a un lado los carteles y las fiestas para explicar qué sostiene realmente a Crazy But Real, ¿cuáles serían las tres ideas fundamentales que mejor resumen su filosofía?

Si tuviera que resumir Crazy But Real en tres ideas serían: realidad, talento y comunidad.

Ser reales. Que lo que somos, lo que hacemos y lo que defendemos sea lo mismo. No aparentar, no crear una imagen que no nos representa y no cambiar nuestros principios simplemente porque hacerlo de otra manera pueda funcionar mejor.

Apostar por el talento. Dar oportunidades a artistas que tienen algo que decir y que quizá todavía no tienen un nombre o unos números detrás. Queremos que el talento tenga la oportunidad de hablar por sí mismo.

Y, por último, construir juntos. CBR no tendría sentido si solamente fuéramos nosotros encima de un escenario. Queremos construir una comunidad alrededor de un sonido, de una manera de entender la cultura de club y de unas mismas ganas de disfrutar y hacer crecer la escena.

Al final, para mí CBR se resume en algo muy sencillo: ser reales, apostar por el talento y construir juntos.

En la cultura de club se habla a menudo de comunidad, aunque no siempre está claro qué significa construirla de verdad. ¿Qué relación queréis establecer con quienes vienen a vuestras fiestas y cuándo sientes que ese público empieza a formar parte del proyecto?

Para nosotros, que el público sea familia significa que la relación no termine cuando acaba la fiesta. Queremos que la gente sienta que forma parte de algo; que pueda venir, disfrutar, conocer gente y, sobre todo, sentirse cómoda siendo quien es.

No queremos que exista una separación entre “los artistas” y “el público”. Todos formamos parte de lo mismo.

Tampoco queremos ver al público simplemente como gente que compra una entrada. Queremos tener una relación cercana y real: escucharles, saber qué les gusta, qué esperan y también aceptar las críticas cuando algo no se hace bien. CBR se construye con la gente que viene a nuestras fiestas, no solamente desde el lado de la organización.

De hecho, para nosotros una de las mejores señales de que estamos haciendo las cosas bien sería que alguien pueda venir solo, entrar sin conocer a nadie y acabar sintiendo que pertenece a ese lugar.

Porque para mí hay una diferencia enorme entre tener público y tener comunidad.

Tener público es conseguir que la gente venga a una fiesta. Tener comunidad es conseguir que esa gente quiera volver, que se identifique con lo que haces y que sienta que forma parte de ello.

Puedes llenar una sala una noche y tener público. Pero si meses después esas personas siguen ahí, apoyándote, hablando de CBR, recomendándolo a sus amigos y esperando la siguiente fiesta, entonces has construido algo mucho más grande.

Y ya hemos empezado a vivir momentos que me hacen pensar que CBR está consiguiendo precisamente eso. Cuando alguien se acerca y te dice que ha descubierto a un artista gracias a CBR, que ha conocido gente allí o simplemente que estaba esperando la siguiente fiesta, te das cuenta de que esto empieza a ir más allá de organizar eventos.

También hay pequeños momentos con los artistas que para mí significan muchísimo.

Por ejemplo, en una de nuestras últimas fiestas, Arcex estaba pasando por una semana bastante complicada, con problemas en el trabajo por intentar compaginarlo con los bolos y también con algunos problemas personales.

En CBR siempre intentamos tener algún pequeño detalle con los artistas. Les preparamos una bolsa con una toalla para la actuación, algún snack, caramelos, chocolate… Son pequeñas cosas, pero creemos que también forman parte de cuidar a las personas que vienen a formar parte del proyecto.

Aquella noche Arcex nos agradeció muchísimo el detalle y nos dijo que le habíamos alegrado la noche y que le había servido para animarse.

Y después nos contó algo que me hizo mucha ilusión: que siempre llevaba aquella pequeña toalla que le habíamos regalado en su mochila.

Puede parecer una tontería, pero para mí esas cosas valen muchísimo. Son momentos así los que te llenan y te hacen seguir luchando.

Yo quiero que alguien salga de una fiesta CBR pensando: “Ha merecido la pena estar aquí.”

Que haya disfrutado de la música, que haya descubierto algún artista, que haya conocido gente, que haya vivido algo diferente y que durante unas horas haya podido olvidarse de todo lo demás.

Y, sobre todo, que tenga ganas de volver. No solamente porque haya habido buenos DJs, sino porque se haya sentido parte de algo.

Para mí, eso significa que CBR ha dejado de ser solamente una idea que empezó en mi cabeza y se ha convertido en algo que pertenece a más gente.

Los seguidores pueden subir o bajar, una fiesta puede tener más o menos gente, pero crear una comunidad de personas que realmente creen en lo que estás construyendo es algo que permanece

El 28 de junio de 2025 celebrasteis la primera fiesta de Crazy But Real, una noche cuya respuesta acabó superando las previsiones iniciales. ¿Cómo viviste la preparación y qué ocurrió para que aquel estreno terminara desbordando vuestras expectativas?

El primer evento de Crazy But Real fue el 28 de junio de 2025, y sinceramente creo que fue el momento en el que entendí que esto podía convertirse en algo mucho más grande.

El aforo era de 70 personas y, curiosamente, el mismo día del evento, apenas 12 horas antes de empezar, solamente llevábamos 12 entradas vendidas. En ese momento no sabíamos muy bien qué iba a pasar.

Pero llegó la noche y todo cambió. Terminamos vendiendo más de 130 entradas.

La mayoría éramos amigos, amistades de amigos y gente que había venido a descubrir lo que estábamos haciendo. El ambiente fue increíble. Se sentía mucho más como una reunión familiar que como una fiesta organizada por una promotora.

Y para mí, como organizador, fue una sensación de orgullo enorme. Ver que habíamos conseguido hacer sold out y además superar ampliamente el aforo que teníamos previsto apostando únicamente por artistas locales fue algo que me confirmó que quizá no hacía falta hacer las cosas como se habían hecho siempre.

Aquella noche entendí que si detrás de una fiesta hay talento, ganas y una comunidad que cree en lo que estás haciendo, puedes conseguir cosas que sobre el papel parecen bastante difíciles.

Más allá de la respuesta del público y del resultado en cifras, hay primeras experiencias que dejan una huella difícil de repetir. ¿Qué hizo especialmente significativa aquella noche para ti y qué te confirmó sobre la propuesta que querías construir?

Creo que lo más especial fue que toda la noche salió exactamente como la habíamos imaginado.

No hubo un momento de decir “hostia, esto se nos está yendo de las manos”. Simplemente todo fue rodando y, cuando quisimos darnos cuenta, estábamos viviendo algo increíble.

Para mí fue especialmente importante poder compartir una hora con cada uno de los artistas y amigos que me acompañaron aquella noche. Más allá de organizar la fiesta, también pude disfrutarla desde dentro y compartir ese momento con personas que habían formado parte del camino.

Y luego estaba el público. La gente se volvió loca, disfrutó muchísimo y durante toda la noche no paraban de pedirnos que hiciéramos otra fiesta igual.

Creo que ahí estuvo la verdadera recompensa. No solamente habíamos conseguido llenar una fiesta, sino que la gente había salido de allí queriendo volver.

Además, la selección de artistas fue algo que funcionó especialmente bien. Todos eran talento local y cada uno aportó algo diferente, pero juntos consiguieron crear una noche muy especial.

Si tuviera que decir qué salió mal, prácticamente nada. Quizá el único error fue no haber contratado un filmmaker. Hoy me habría encantado tener imágenes profesionales de aquella noche para poder recordar todo lo que pasó.

Pero, sobre todo, me llevé un aprendizaje que todavía sigue muy presente en CBR: no necesitas traer a un DJ famoso o a un artista con miles de seguidores para llenar una fiesta.

Aquella noche demostramos que el talento local también puede hacerlo.

Desde aquella primera experiencia, Crazy But Real ha ido encontrando nuevos espacios y formas de desarrollarse. ¿Cómo describirías esa evolución, qué habéis tenido que aprender por el camino y qué aspectos consideras irrenunciables desde el primer día?

Si tuviera que decir qué ha cambiado desde aquel primer evento, realmente ha cambiado muy poco. Principalmente, el lugar. Aquella primera fiesta la hicimos en una masía y ahora estamos desarrollando el proyecto en MALOA, en Sabadell. Desde entonces hemos hecho dos eventos allí y estamos empezando una nueva etapa para CBR.

Pero la esencia sigue exactamente igual.

Seguimos apostando por talento local, seguimos intentando dar oportunidades a DJs que quizá todavía no tienen un nombre dentro de la escena y seguimos buscando nuevas formas de hacerlo. Por ejemplo, también hemos empezado a hacer concursos de DJs para que gente que todavía no ha tenido determinadas oportunidades pueda demostrar lo que vale.

Y algo que también se ha mantenido es la gente. Hay personas que estuvieron desde el principio y que siguen estando ahora, y para mí eso tiene muchísimo valor.

Lo que sí ha evolucionado es nuestra manera de organizar las fiestas. Con el tiempo nos hemos dado cuenta de que CBR es mucho más que montar una fiesta.

Hemos empezado a cuidar muchísimo más cada detalle: desde el cartel y la selección de artistas hasta la comunicación, la imagen, la experiencia del público y todo lo que ocurre antes y después del evento.

Al principio nuestra prioridad era conseguir que la gente viniera y disfrutara. Ahora queremos que todo lo que rodea a una fiesta tenga un sentido y forme parte de la experiencia.

Creo que ese es uno de los mayores aprendizajes que nos llevamos de aquella primera noche: CBR no consiste simplemente en llenar una sala. Consiste en construir algo que la gente quiera volver a vivir.

Aunque tu nombre está al frente de Crazy But Real, un proyecto de estas características también se construye con el trabajo y la confianza de quienes lo rodean. ¿Quiénes han sido fundamentales para hacerlo posible y de qué manera ha contribuido cada uno a darle forma? 

Aunque Crazy But Real esté liderado por mí, la realidad es que sería imposible haber llegado hasta aquí sin determinadas personas.

Hay dos personas que para mí son fundamentales: Román y Óscar.

Román es nuestro filmmaker y fotógrafo oficial, y Óscar es el diseñador oficial de la marca. Son dos piezas clave tanto para MATT.P como para Crazy But Real. Todo lo que hacemos a nivel visual pasa mucho por ellos y, además de ser profesionales en lo suyo, son personas en las que confío muchísimo.

Después está Salvi. Podríamos decir que es el corazón de Crazy But Real. Fue la unica persona que apostó por este proyecto desde el principio, cuando todavía era simplemente una idea. Ha invertido, ha trabajado, ha aportado ideas y ha estado ayudando en toda la parte de logística. Ha estado ahí desde el principio y para mí eso tiene un valor enorme.

Y después están todos esos amigos que quizá no tienen un cargo dentro de CBR, pero que siempre aparecen cuando hacen falta. Los que vienen a ayudar con el montaje, los que nos echan una mano grabando vídeos promocionales, los que están pendientes de que durante el evento todo salga bien y, sobre todo, los que nos apoyan constantemente.

Para mí, eso lo es todo.

Poder tener a tu lado personas que creen en lo que estás haciendo, que te dan consejos, que te ayudan cuando las cosas se complican y que están ahí simplemente porque quieren que el proyecto salga adelante es probablemente de las mejores cosas que puede tener un DJ o un promotor.

CBR puede tener mi nombre detrás, pero hay muchas personas que han puesto su tiempo, su trabajo y su confianza para que esto exista.

Y creo que también forma parte de lo que significa Crazy But Real: hacer algo desde cero, pero no hacerlo solo.

La identidad de una fiesta puede trascender la pista y acabar formando parte de la vida cotidiana de su público. ¿Cómo surgió la idea de crear ropa propia para Crazy But Real y qué significado tiene para vosotros que la gente lleve esa identidad fuera del club?

La verdad es que la ropa de Crazy But Real nació de una manera bastante natural.

Al principio hice una camiseta simplemente para mí, para ponérmela en mis propios eventos. No la hice pensando en venderla ni en crear una línea de ropa.

Pero la gente empezó a verla y a preguntarme dónde podían conseguirla. Cada vez me la pedía más gente y llegó un punto en el que pensé: “¿Por qué no hacemos una tirada?”

Así hicimos la primera y, viendo la respuesta que tuvo, acabamos haciendo una segunda. En total hemos vendido más de 50 camisetas.

Y para mí eso tiene un significado especial porque no fue algo que intentáramos imponer. Fue la propia gente la que hizo que surgiera.

Ahora tenemos pensado seguir creciendo también por ahí, haciendo más camisetas, sudaderas y diferentes accesorios como lanyards, abanicos, pegatinas…

Pero más allá de la ropa en sí, creo que representa algo que va muy ligado a CBR: llevar contigo una idea, una identidad o una forma de entender las cosas.

Al final, cuando ves a alguien llevando una camiseta de Crazy But Real por la calle o en una fiesta, sabes que hay algo detrás de esas dos palabras. Y eso me gusta mucho.

No queremos que sea simplemente merchandising de una fiesta. Queremos que CBR pueda convertirse en algo con lo que la gente se identifique.

La llegada a MALOA, en Sabadell, supone un nuevo escenario para desarrollar Crazy But Real con continuidad. ¿Qué encontrasteis en esta sala para apostar por una residencia y qué identidad queréis construir allí frente a otras propuestas mensuales?

Elegimos MALOA principalmente por el trato y por la confianza. Desde el primer momento, Jordi y los propietarios nos han puesto muchas facilidades y nos han tratado de una manera increíble.

Y sinceramente, acabaríamos antes diciendo qué no nos gusta de la sala. Es un espacio precioso, increíble y además bastante grande, así que para CBR supone una oportunidad enorme para seguir creciendo.

Pero lo que realmente hace especial nuestra relación con MALOA es la libertad que tenemos. Tenemos mucha confianza por ambas partes y sentimos que podemos hacer y deshacer, probar cosas y desarrollar el proyecto de la manera que creemos que tiene que hacerse.

Para nosotros es una oportunidad que no queremos desaprovechar. Vamos a trabajar muchísimo para que cada edición sea mejor que la anterior y para que la gente note que detrás hay un proyecto que está creciendo.

La idea principal es muy clara: queremos crear una fiesta mensual donde el Schranz tenga un protagonismo real, donde el talento local tenga espacio y donde siga existiendo esa sensación de familia que para nosotros es tan importante.

No queremos que sea simplemente “una fiesta más” que se hace cada mes. Queremos que cuando alguien piense en CBR y en MALOA sepa qué va a encontrar: Schranz, talento, comunidad y una manera diferente de vivir una noche.

Y creo que tener una sala que nos da esa confianza y esa libertad es fundamental para poder construirlo.

En un circuito donde distintas promotoras comparten públicos y espacios, colaborar puede ser una alternativa a competir por ellos. ¿Qué criterios seguís a la hora de vincularos con otros proyectos y qué puede aportar esa relación a las respectivas comunidades y artistas?

Cuando colaboramos con otra promotora, lo que buscamos principalmente es ayudarnos mutuamente.

Creemos que no tiene sentido que cada proyecto vaya por su lado compitiendo constantemente por el mismo espacio. Si compartimos una manera parecida de entender la música y la escena, podemos hacer que todos salgamos beneficiados.

La idea es dar visibilidad tanto a la promotora como a sus DJs residentes en nuestra zona y, al mismo tiempo, que ellos puedan hacer lo mismo con CBR y nuestros artistas en la suya.

Pero para mí lo más importante es poder unir comunidades.

Al final, cada promotora tiene su gente, sus artistas y su historia. Si conseguimos juntar todo eso, podemos crear algo mucho más grande que lo que conseguiríamos trabajando por separado.

Y creo que ese debería ser el objetivo: que todos acabemos remando en la misma dirección.

El talento y la música.

No se trata de quién es más grande, quién tiene más seguidores o quién consigue más protagonismo. Se trata de conseguir que la escena crezca, que los artistas tengan oportunidades y que la gente pueda descubrir música y proyectos nuevos.

Para mí, una buena colaboración es aquella en la que después de trabajar juntos todos hemos crecido un poco.

Crazy But Real ha empezado a definir una identidad propia, pero el reto llega también cuando un proyecto quiere crecer sin diluir aquello que lo hizo nacer. ¿Qué horizonte te marcas para los próximos años y qué estarías dispuesto —o no— a cambiar para llegar hasta allí?

CBR va hacia donde siempre hemos querido llevarlo: crecer, pero sin perder nuestra esencia.

Dentro de dos años me gustaría ver a Crazy But Real consolidado como un referente de Schranz y Hard Techno en Barcelona, con una comunidad fuerte detrás y con fiestas que la gente espere y reconozca por su identidad, no solamente por el cartel.

Y dentro de cinco años me gustaría que CBR haya conseguido salir de Barcelona. Poder llevar el proyecto a otras ciudades, colaborar con artistas y promotoras de fuera y, por qué no, acabar haciendo eventos de mayor formato.

Pero para mí hay algo mucho más importante que el tamaño.

No quiero que CBR crezca hasta convertirse en algo que ya no reconozcamos.

Quiero que podamos mirar atrás dentro de cinco años y decir: “Hemos crecido muchísimo. Hemos conseguido cosas que al principio parecían una locura, pero seguimos haciendo las cosas a nuestra manera.”

Porque al final, ese es el significado de Crazy But Real.

No quiero que CBR sea simplemente una promotora grande. Quiero que sea una identidad, una comunidad y una forma de entender la escena.

Y si conseguimos eso, entonces sí podremos decir que Crazy But Real realmente ha cumplido su significado.

El objetivo no es llegar a ser los más grandes. Es llegar todo lo lejos que podamos sin dejar de ser nosotros.

Gracias Matt por compartir con nosotros el recorrido que hay detrás de Crazy But Real, desde sus primeros pasos hasta la consolidación del proyecto. Mucha suerte con todo lo que viene para Crazy But Real y ¡nos vemos en la pista!

Screenshot
Luis Iglesias
Luis Iglesiashttp://bcnresistance.com
Founder y apasionado de la electrónica y de la ciudad de Barcelona a partes iguales

Últimos Artículos

ARTÍCULOS RELACIONADOS