Hablamos con La Deskomunal tras el anuncio de su cierre a finales de 2026

La cultura es un indicador de que una sociedad está viva y es crítica. Los espacios de ocio, aparte de conectar personas y ser un ecosistema de ideas innovadoras, también son espacios donde se puede desconectar de realidades a veces asfixiantes. Y, en concreto, el ocio nocturno aporta desinhibición y escape para conectar con la cultura desde un punto de vista más visceral.

En Barcelona, resisten algunas salas que siguen apostando por el arte underground, no desde una forma comercial –de hecho, muchas de estas funcionan como cooperativas–, sino como una necesidad de buscar espacios donde poder expresarse y dar visibilidad a artistas que, en ocasiones, no estarían en el circuito más mainstream. Un ejemplo de estas sería La Deskomunal en el barrio de Sants, que, junto a otras cooperativas y asociaciones, forma parte de La Comunal.

En 2020, tras un año difícil para la cultura y sus trabajadores, nace de la fusión de Koitton Club y Kop de mà el proyecto de La Deskomunal. Un espacio que aporta gastronomía local durante el día y, durante la noche, ofrece una amplia programación cultural que va desde recitales de poesía, conciertos de diversos géneros y fiestas de electrónica. Busca ser una alternativa a la explotación laboral en estos sectores tan precarizados; además, entienden que la cultura es un patrimonio que debe estar al servicio de los barrios y pueblos.

El pasado jueves 12 de marzo, la sala anunció en un comunicado que su actividad finalizará a finales de este año 2026, y Xavier Vicente y Bernat Serrat, socios de La Deskomunal, contaron en Eldiario.es algunas de las razones concretas de este cierre. En resumen, cuentan que desde las instituciones existe un estigma hacia los negocios de ocio nocturno y denuncian una discriminación por parte de estas.

Desde BCN Resistance, hemos hablado con La Deskomunal para comprender más sobre la situación actual de la cultura underground autogestionada en la ciudad y la situación concreta de La Deskomunal.

Después del anuncio del cierre y teniendo en cuenta el recorrido del proyecto dentro del ecosistema cultural de la ciudad, ¿qué tipo de cultura y de comunidad se construía en la sala?

Fomentamos ser una sala abierta ya no solo a bandas, promotoras, sinó a organizaciones y colectivos afines que necesiten de espacios para poder llevar a cabo programación cultural, hemos intentado ser un local del barrio y para el barrio. La programación es diversa, proyecciones, presentaciones de libros, asambleas, aniversarios de colectivos, conciertos, sesiones, poesía, entre otras actividades.

Después de tantos años trabajando en una estructura cooperativa, ¿qué creeus que aporta a la forma de entender y consumir cultura?

Creemos que aporta más bien a la manera de entender la economía propia del proyecto. Aunque a nivel de cultura permite crear redes con el resto de agentes.

La Deskomunal no ha pretendido estar dentro de los circuitos más comerciales, de hecho, buscaba ser una alternativa a estos, ¿por qué creéis que es importante que existan espacios culturales fuera de circuitos más comerciales o institucionalizados?

Porque los circuitos comerciales o institucionalizados se dirigen a un público en concreto, no a todo el mundo, de hecho, suelen “menospreciar” a aquellas bandas y/o colectivos que se programan en espacios culturales alternativos, sin estos espacios no tendrían posibilidad de actuar. Lo que se vende ya sabemos lo que es y lo que aporta culturalmente, en muchas ocasiones más bien poco.

A parte, son las salas fuera de este circuito comercial o institucional las que ofrecen programación regular y constante, no centrada en periodos vacacionales, y normalmente dirigida a público turista.

Desde fuera, muchas veces se puede romantizar este tipo de espacios, ¿qué implica realmente sostener una sala como esta en el día a día?

Implica mucho, comporta mucho trabajo. Aparte del trabajo “productivo”, estar en barra, montar las actividades, hay un montón de trabajo reproductivo detrás. Programación, gestión, comunicación, relaciones con el entorno (otros colectivos, vecinos, distrito…), algunas de estas cosas no deberían ser necesarias para realizar la actividad en sí, pero se derivan de la criminalización del sector. Vemos muy necesario poder tejer una buena red para poder hacer frente a esta discriminación, pero esto tambien implica horas y esfuerzo.

Aunque todo ello compensa con el placer de poder llevar a cabo una actividad propia y pasional.

Ya vemos el trabajo que implica un proyecto como el vuestro. ¿Cómo os organizáis?, ¿cuál era el funcionamiento interno de la sala a nivel de gestión y toma de decisiones?

Tenemos comisiones que realizan las tareas propias de cada comisión, y las decisiones que afectan a la totalidad del proyecto se discuten en asambleas mensuales de lxs socixs. A parte nos reunimos con el personal laboral contratado una vez al mes aproximadamente.

Después de tantos años del proyecto, ¿en qué punto se vuelve insostenible mantener un proyecto así? ¿Qué factores pesan más?

En nuestro caso ha sido, sobre todo, lo que comentábamos antes, el hecho de tener que asumir como tareas propias del proyecto, atender a quejas, denuncias, multas, y otros temas fuera de la propia gestión de la sala. Es un proceso que si no lo tratas estratégicamente se puede enquistar y darte muchos problemas, y no es fácil.

También la pérdida de equipo progresivo. Debido también al cansancio por tener que asumir estos temas, pero también por lo que hemos tenido que tragar al haber abierto en pleno covid.

Después de leer vuestro comunicado y declaraciones de los ataques de la administración hacia vuestra sala, y viendo que no es la única con una experiencia similar, ¿Sentís que existe una falta de comprensión hacia modelos culturales como el vuestro?

Totalmente.

¿Hasta qué punto el conflicto responde a una cuestión puntual o a un problema estructural en la ciudad?

Bajo mi punto de vista y seguro que el de muchas salas de la ciudad, evidentemente es un problema estructural del modelo de ciudad que han creado y están creando. Nuestro cierre habla mucho del momento actual de la cultura independiente en Barcelona.

Con todas las salas que están cerrando, ¿qué modelo de ciudad se está construyendo?

En mi opinión hace ya muchos años, que Barcelona pretende ser un bonito escaparate para el resto del mundo, pero una ciudad asfixiante y sin identidad para lxs que vivimos dentro. Buscando venderse al mejor postor, para obtener beneficio rápido, pero sin cuidar su esencia de ciudad social, combativa y solidaria. Al capitalismo le interesa mucho barrer con esas identidades disidentes para poder vender la ciudad a su antojo…

No obstante en la Deskomunal no solo os ha traído cosas malas. Después de todo este proceso, ¿qué os lleváis a nivel colectivo y personal?

Haya pasado lo que haya pasado, yo no cambio estos años por nada del mundo. Poder llevar a cabo un proyecto propio que nace de nuestras pasiones en un entorno tan hostil es una pasada.

Para ir cerrando y hablar del futuro de Barcelona, ¿qué tendría que cambiar para que iniciativas como esta puedan existir y sostenerse en el tiempo?

Simplemente que haya gente dispuesta a ello, y que se lancen, que se atrevan a salir del engranaje y llevar a cabo sus sueños.

¿Creéis que con la situación actual quién os preceda podrá construir un proyecto sostenible en el tiempo?

Sin duda, tendrán más facilidades, ciertas dificultades ya están solventadas. Y seguro que entran con esa pasión renovada.

Para terminar, si pudierais trasladar un mensaje tanto a las instituciones como a otras personas que están empezando proyectos culturales cooperativos, ¿qué diríais?

Que adelante!! Si no lo hacemos nosotrxs nadie lo va a hacer, el sistema no lo quiere, por lo tanto hay que hacerlo, por y para nosotrxs!

Muchas gracias por esta charla. Más allá de entender las razones concretas del cierre, esta conversación también deja entrever una realidad más amplia, la fragilidad de los espacios culturales independientes en la ciudad y la necesidad de seguir construyendo alternativas desde lo colectivo.

Proyectos como La Deskomunal no solo programan cultura, sino que generan comunidad, y su desaparición no es un caso aislado, sino parte de un contexto que invita a reflexionar sobre el modelo de ciudad que estamos construyendo.

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