Nacido en Venezuela y afincado en Barcelona desde 2018, ValaV ha ido construyendo una propuesta que se mueve entre el techno hipnótico y las estructuras psicodélicas. Bajo el concepto Psygroove, ha desarrollado un lenguaje propio tanto en cabina como en el estudio, una evolución que alcanzó un nuevo punto de inflexión con su lanzamiento Aner Dypsijós. Ahora, mientras continúa ampliando su faceta como productor, se prepara para afrontar un nuevo reto: su primer All Night Long en Moog Barcelona.
Han pasado varios años desde tu llegada a Barcelona. Mirando el recorrido con cierta perspectiva, ¿cómo describirías el momento que atraviesa actualmente el proyecto ValaV?
Lo veo como un momento de exploración donde la confianza no es un punto de llegada, sino una forma de caminar lo desconocido. Estoy aprendiendo a construir historias que no pertenecen solo al sonido, sino a una percepción más amplia de mí mismo.
¿Cuáles han sido los pasos más importantes para llegar al punto en el que te encuentras hoy como artista?
Podría decir que he llegado hasta aquí por tres razones que se mezclan. La primera es la intención puesta en el crecimiento personal, que me sigue dando dirección incluso cuando todo es confuso. La segunda es la conexión espiritual, para mí es un canal de escucha y de coherencia entre lo que siento, lo que hago y lo que digo. Y la tercera es la construcción consciente de vínculos; relaciones que no solo sostienen este camino artístico, sino que también me protegen de las dinámicas que lo desvían. En ese equilibrio se va formando el recorrido.
Si alguien todavía no conoce tu música, ¿qué crees que debería saber antes de escucharte por primera vez?
Quizás lo único y más importante que necesita saber es soltar la necesidad de entenderlo todo. Mi música no se ofrece como una respuesta, sino como un tránsito. Es un espacio donde la previsibilidad se disuelve. Es como entrar en la corriente de un río que no explica su dirección, pero que inevitablemente te lleva de un lado a otro.
Psygroove se ha convertido en el concepto que mejor resume tu propuesta. ¿Cómo nació esta idea y qué significa para ti hoy?
Psygroove nació de la clasificación de mi música en Rekordbox, que luego se convirtió en revelación. Al principio era solo una carpeta donde reunía aquello que no encajaba en etiquetas, pero con el tiempo entendí que no se trataba de géneros, sino de una manera de escuchar. Lo que unifica todo no es el estilo, sino el diseño del sonido, la textura, la profundidad, la forma en que el ritmo respira y se deforma. Psygroove es el nombre de esa zona intermedia donde la música deja de pertenecer a categorías y empieza a ser percepción.
Cuando hablas de la unión entre techno hipnótico y estructuras psicodélicas, ¿cómo se traduce eso en una sesión o en una producción?
Se traduce en la construcción de estados. No se trata de cambios evidentes, sino de una continuidad que altera la percepción del tiempo. Es un lenguaje donde la tensión no busca resolverse, sino sostenerse, y donde el groove funciona como una fuerza hipnótica que reorganiza la atención. En una sesión o en una producción, eso significa crear un viaje donde lo importante no es el impacto, sino la permanencia en un estado de transformación sutil.

¿Sientes que Psygroove ha cambiado con el tiempo o que mantiene intactos algunos principios desde sus inicios?
Psygroove no ha cambiado en su esencia, pero sí ha crecido en profundidad. Cada hora en el estudio y cada nueva escucha amplían su lenguaje, como si fuera un organismo que se expande en lugar de transformarse en otra cosa. Los principios siguen siendo los mismos, pero la forma de alcanzarlos se ha vuelto más orgánica, más consciente y más abierta.
Durante los últimos años la producción ha ganado cada vez más protagonismo dentro de tu proyecto. ¿Cómo estás viviendo esa evolución?
Es un proceso transformador. Cada avance en la producción se siente como una puerta que se abre hacia nuevos lugares. Expandirse y compartir visión con otros es donde encuentro lo más valioso de ser artista. Aun así, me percibo como un lienzo en blanco, con mucho por descubrir y aprender.
Tu EP Aner Dypsijós marcó una nueva etapa dentro de tu trayectoria. ¿Qué descubriste durante ese proceso creativo?
Durante ese proceso entendí la importancia de confiar en lo que hacemos, independientemente del punto en el que estemos. De ahí también nace el nombre, “seres divididos”, como una reflexión sobre qué tan cerca o lejos estamos de aquello que amamos. Crear desde la conciencia me permitió diferenciar entre confianza y arrogancia, y encontrar un lugar más honesto desde el cual construir.
¿Qué diferencias encuentras entre construir una narrativa en la pista y hacerlo dentro de una producción?
En la pista todo es inmediato: la energía es viva, el tiempo avanza sin posibilidad de retorno, y cada decisión tiene un impacto directo en el presente. En la producción, en cambio, necesito un tipo de distancia. Después de horas creando, la emoción se diluye, por eso prefiero dejar pasar el tiempo y volver a escuchar desde otro estado. Solo así puedo entender realmente lo que he construido.
¿Hay alguna línea sonora que estés explorando actualmente y que todavía no haya llegado al público?
Desde hace un tiempo, especialmente desde mi primera listening session con mi nuevo proyecto Stil.Sound, estoy explorando sonidos más atmosféricos, experimentales y cercanos al ambient, pensados para la escucha más introspectiva. Me interesa seguir desarrollando esta línea porque me permite crear experiencias más íntimas y abrir otro tipo de conexión con el público.
Has hablado en distintas ocasiones sobre la importancia de la claridad mental dentro de tu relación con la música. ¿Cómo ha influido esa forma de entender la profesión en tu día a día?
Ha cambiado mi manera de entenderme fuera de la música. Me ha llevado a pensar en quién me estoy convirtiendo para poder sostener una carrera en el tiempo. No tengo intención de hacer otra cosa por ahora, así que he buscado claridad mental para habitar esta industria desde distintos ángulos: desde dentro y desde fuera a la vez. Combinar lo artístico con lo curatorial requiere presencia, y sin un mínimo de claridad, este cruce de mundos sería insostenible.
En una actividad marcada por los viajes, los cambios de horario y la intensidad de los fines de semana, ¿qué hábitos te ayudan a mantener el equilibrio?
Mi principal hábito es la sobriedad. No sé cómo sería este camino si tuviera que sumar cansancio, resaca y trasnochos constantes. Cuidar el cuerpo, hidratándome y alimentándome bien, me permite sostener la intensidad con calma. Y para equilibrar, necesito volver a lo esencial: meditar, nadar, ir a la montaña o montar en bici. Es mi forma de contrarrestar el exceso de estímulo social y recuperar el centro.
Después de tantos años buscando música, ¿qué sigue despertando tu curiosidad como selector?
Lo que sigue despertando mi curiosidad es la infinitud del catálogo global. Saber que puedo encontrar música de alguien de hace décadas o de una escena remota en Asia o Latinoamérica me sigue fascinando. Todo está conectado a través del sonido, como si fueran fragmentos de tiempo que dialogan entre sí. Escuchar y preguntarme qué había detrás de cada creación sigue siendo una fuente constante de ilusión.
Hablando sobre tu primer All Night Long en MOOG el próximo viernes 10 de julio. En qué se diferencia la preparación de una noche como esta respecto a la de una actuación convencional?
Todavía no tengo una respuesta definitiva, probablemente la tendré después de vivirlo. Pero intuyo que la diferencia está en la posibilidad de asumir riesgos con más profundidad, entendiendo lo que la pista necesita en cada momento. Es una oportunidad para expandir la narrativa sin perder el hilo, llevando al público por distintos submundos sin romper la coherencia del viaje.

¿Qué posibilidades te ofrece disponer de toda una noche para desarrollar una narrativa musical completa?
Me ofrece la posibilidad de dialogar con la pista, en una especie de seducción constante entre lo que propongo y lo que el público está dispuesto a habitar. Es un proceso vivo, donde la forma final solo existe al terminar el recorrido.
¿Cómo planteas la evolución de la energía durante una sesión de tantas horas?
Para no complicarme, lo planteo como tres momentos: warm up, peak time y cierre. Tres estados distintos dentro de una misma identidad. La idea es transitar entre ellos de forma sutil, sin rupturas evidentes, manteniendo siempre una coherencia narrativa. Más que bloques separados, los entiendo como capas de una misma construcción.
¿Hay aspectos de tu sonido que el público podrá descubrir mejor en este formato?
Sí, absolutamente. Este formato permite mostrar una amplitud que en otros contextos a veces no cabe. Poder sostener una narrativa durante toda la noche hace más evidente la diversidad de mi selección y la forma en que distintos mundos sonoros conviven dentro de mí.
Cuando piensas en los próximos años, ¿qué te gustaría desarrollar dentro del proyecto ValaV?
En los próximos años me imagino profundizando en dos caminos que hoy me llaman mucho. Por un lado, desarrollar un formato live, porque me atrae la idea de llevar mi universo sonoro a un terreno más performativo. Y por otro, seguir creando espacios de escucha introspectiva y meditación, experiencias donde la música no solo se baile, sino que también se contemple y se habite desde otro lugar. Siento que ahí hay un potencial muy grande para generar conexiones más profundas.
Más allá de los lanzamientos o las fechas en agenda, ¿qué metas personales te gustaría alcanzar como artista?
Llegó un momento en el que dejé de pensar en metas como una lista de objetivos por cumplir. Hoy me interesa más el propósito detrás del crecimiento. “¿Para qué quiero seguir evolucionando como artista?” La respuesta siempre vuelve al mismo lugar: crear experiencias que conecten, colaborar con otras personas y construir algo que pueda inspirar, acompañar o transformar la vida de alguien, aunque sea por un instante. El crecimiento, para mí, tiene sentido cuando se comparte.
Para terminar, si alguien sale de Moog después de compartir contigo toda la noche, ¿qué te gustaría que se llevara de esa experiencia?
Me gustaría que se llevaran la sensación de haber vivido un viaje, de haber estado presentes en algo que los sacó, aunque fuera por unas horas, de la lógica cotidiana. Que se fueran con alguna emoción nueva, una pregunta, un recuerdo o incluso un descubrimiento sobre sí mismos. Si alguien sale de Moog sintiendo eso, entonces la noche habrá cumplido su propósito.
Gracias ValaV por abrirte con nosotros sobre tu proceso creativo detrás de este momento de tu carrera y por el tiempo dedicado a esta conversación. El próximo All Night Long en Moog Barcelona marca un punto importante dentro de tu recorrido actual, una noche que servirá para poner en contexto el sonido que has ido construyendo en los últimos años y el camino que estás tomando como productor.
¡Mucha suerte y nos vemos en la pista!

