Nàtura llega a la cabina de INPUT por primera vez: así afronta su debut en Prism Hard


Con más de seis años de trayectoria, Nàtura ha ido construyendo una propuesta marcada por la energía y la contundencia en cabina. Su sonido se mueve dentro del Hard Bounce, con sets alrededor de los 160 BPM que mantienen la pista en constante movimiento. La artista da un nuevo paso con su debut en INPUT, donde se enfrenta a uno de los escenarios más relevantes de la escena electrónica de la ciudad. Hablamos con Nàtura sobre sus inicios, la evolución de su sonido y lo que supone dar este nuevo paso en su trayectoria.


Para quien todavía no te conozca, ¿quién es Nàtura y qué crees que define mejor tu proyecto a día de hoy?

Creo que Nàtura nace de la relación que siempre he tenido con la música. Para mí nunca ha sido solo entretenimiento; siempre ha sido el lugar al que he recurrido para todo. Me acompaña, me ayuda a cambiar de energía y es una forma de entender lo que siento. De hecho, me cuesta imaginar un día sin escuchar música.

Como artista, siempre me ha gustado hacer que la gente disfrute. Creo que tengo mucha facilidad para leer la energía de una pista y eso es lo que más me apasiona de pinchar: comunicarme con la gente sin palabras. Para mí la música es un lenguaje, y cada sesión es una conversación en la que intento llevar al público por diferentes emociones y momentos. También le doy mucha importancia a la técnica. Evidentemente, la selección musical es la base, pero creo que una buena técnica es la mejor forma de transmitir esa propuesta y de hacer que la experiencia fluya como tiene que fluir.

Desde hace un tiempo también estoy produciendo mi propia música, y eso ha cambiado por completo mi forma de vivirla. Ahora, cuando creo un tema, también pienso en cómo va a conectar con la gente en una pista, igual que hago cuando estoy pinchando. Al final, tanto mezclando como produciendo, mi objetivo es el mismo: crear una experiencia que haga sentir algo a quien la escucha y guiar a la gente hacia un viaje

Tus sets destacan por esa energía constante y por un sonido muy directo. ¿Qué es lo que buscas que sienta alguien cuando entra en una sesión tuya?

Lo que más busco es que la gente viva una experiencia y no simplemente una sesión. Me gusta pensar que cada set es un viaje en el que voy guiando a la pista a través de diferentes momentos y emociones. No me gusta que la gente se quede indiferente. Quiero que tengan la sensación de que siempre está pasando algo, que no quieran irse porque sienten curiosidad por saber qué viene después.

Me encanta sorprender, romper un poco con lo esperado y mantener esa sensación de tensión y emoción durante todo el set. Por eso mis sesiones no son lineales. Me gusta jugar con momentos de más intensidad y otros en los que dejo respirar a la pista, pero siempre construyendo hacia arriba. Creo que esos contrastes hacen que la energía se sienta mucho, permite a la gente regular el momento y que tenga ganas de quedarse hasta el final.

Al final, también refleja bastante mi personalidad. Soy una persona muy curiosa, muy inquieta y siempre estoy buscando cosas nuevas. De alguna manera, pincho como me gustaría vivir una fiesta si estuviera al otro lado de la cabina. Esa es la experiencia que intento ofrecer en cada sesión.

El hard bounce está viviendo un momento especialmente interesante. En tu caso, ¿qué encontraste en este sonido para convertirlo en el centro de tu proyecto?

Creo que encontré un estilo que encaja muchísimo con mi forma de ser. Soy una persona muy inquieta, muy divertida y siempre me han atraído las melodías alegres y los cambios constantes. Me gustan las sesiones que tienen contrastes, que te sorprenden y que te mantienen con ganas de más.

El Hard Bounce reúne todo eso. Tiene la contundencia y la energía del hard, pero al mismo tiempo incorpora grooves que te hacen moverte casi sin darte cuenta y melodías que aportan mucha personalidad. Para mí no es un sonido que te encierre en una sola emoción, sino todo lo contrario: te hace abrirte, sonreír y disfrutar mientras no dejas de bailar. Al final, es un estilo que transmite mucha fuerza sin perder ese punto de diversión que para mí es imprescindible.

Creo que eso también define bastante quién soy como artista. Siempre digo que la música tiene que hacer sentir algo, y con el Hard Bounce siento que puedo expresar exactamente esa mezcla de intensidad, emoción y buen rollo que quiero llevar a la pista.

Después de pasar por escenarios como el de la Sala Apolo, el Cabró Rock, Diferent Festival o incluso actuar recientemente en Ámsterdam, ¿qué has aprendido sobre leer una pista que no imaginabas cuando empezaste? 

Aunque he tenido la suerte de tocar en escenarios muy especiales, creo que donde más he aprendido ha sido en las salas pequeñas, las residencias y los bolos más humildes. Ahí es donde realmente coges experiencia. Te encuentras todo tipo de públicos, situaciones que no esperas y momentos en los que tienes que reaccionar sobre la marcha e improvisar. Esa experiencia ha sido la mejor escuela que podía tener para aprender a leer una pista ya que es donde más horas he pasado y donde más imprevistos hay.

Al final aprendí que no todo lo que pasa en la pista depende de mi. A veces la energía del público no tiene que ver con la música ni con la sesión. La gente llega con estados de ánimo diferentes, con circunstancias que tú no conoces, y hay factores que simplemente escapan a tu control. Al fin y al cabo esta experiencia es la que te enseña qué hacer cuando subes a un escenario grande.

Mi responsabilidad es dar el cien por cien, leer lo que tengo delante y adaptarme lo mejor posible. Pero también he aprendido a no cargarme con todo el peso de una noche. Ese cambio de mentalidad me ha hecho disfrutar mucho más de cada sesión y, sobre todo, volver a entrar en una cabina con ilusión, independientemente de cómo haya ido la anterior.

Has actuado tanto en grandes festivales como en salas de club. ¿Hay algo que solo pueda ocurrir en un club y que haga que esas noches sean especiales para ti?

A mí, actuar en escenarios grandes y delante de muchísima gente me encanta. No es algo que me intimide en absoluto. Pero sí que es verdad que, al final, todo se siente un poco más frío. En un club hay una cercanía que no existe en un festival. El contacto con la gente es totalmente diferente y la forma de leer la pista también cambia.

Ellos pueden conocerme más a mí y yo también puedo conocerlos más a ellos, porque los tengo ahí delante. Puedo verles la cara, sentir su energía y conectar de una forma mucho más directa. Eso es, probablemente, lo que más me gusta de los clubs: tener a la gente delante de la cabina y sentir su vibra de tan cerca. Esa conexión es muy difícil de encontrar en otro tipo de escenarios.

En diciembre de 2025 publicaste Aminora, tu primer lanzamiento original, producido íntegramente por ti y con tu propia voz. ¿Qué significó dar ese paso de la cabina al estudio? 

Era algo que llevaba muchísimo tiempo queriendo hacer, pero nunca terminaba de dar el paso porque soy una persona muy perfeccionista. Siempre pensaba que hasta que no tuviera mucha más técnica o mucho más conocimiento no podía enseñar nada. Pero, llegó un momento en el que me cansé de esperar. Tenía muchísimas ganas de crear y decidí que ya era el momento de hacerlo.

Para mí, Aminora no fue solo sacar una canción. Fue empezar a construir mi proyecto de una forma mucho más profunda. Para crearla tuve que pensar qué quería hacer, cómo quería hacerlo y qué tipo de artista quería ser. Ahí fue cuando decidí cantar con mi propia voz, escribir mi propia letra y darle ese toque tan personal. De alguna manera, con Aminora le dije al mundo: «Estoy aquí. Yo produzco, esta es mi música y este es mi estilo.»

Después mucha gente empezó a identificarme con este sonido y empezaron a llegarme propuestas de bolos muy diferentes a las que había hecho hasta ese momento. Fue como un pistoletazo de salida para mi proyecto y me confirmó que estaba siguiendo el camino que realmente quería.

En Aminora la voz tiene un papel muy importante y no parece un simple recurso dentro del tema. ¿Cómo nació la idea de utilizar tu propia voz y qué querías transmitir con ella?

Quería poder decir lo que yo quisiera, con mis propias palabras y con mi propia energía. También buscaba originalidad y, al final, más original que uno mismo no hay nadie. Para mí era la mejor forma de plasmar mi personalidad en mi música y hacer que el proyecto sonara realmente a Nàtura.

En Aminora la voz tiene mucho protagonismo porque era una forma de presentarme y quería plasmar mi personalidad en mi música. Pero, también es verdad que los próximos lanzamientos no siguen ese mismo camino. Hay menos letra, las voces son más minimalistas y también experimento mucho más con ellas. Al final, en Aminora la voz es más impostada y más llamativa porque buscaba romper un poco y que destacara. Pero eso no significa que sea la única forma en la que quiero expresarme. Cada canción me pedirá una voz diferente y creo que ahí también está lo bonito de seguir creando.

Este año llegarán nuevas colaboraciones con EDS y Aquarella, además de otro tema en solitario. ¿Qué puedes adelantarnos sobre esta nueva etapa musical y hacia dónde está evolucionando tu sonido?

Con EDS y Aquarella por separado he aprendido mucho, creo que nos hemos nutrido mutuamente y nos hemos traspasado conocimientos. Eso es lo que me gusta de las colaboraciones, que siempre aprendes. Esto me ha enseñado nuevas formas de sonido, nuevo conocimiento y nuevas formas de crear y es muy divertido y apasionante. Veo un camino de evolución constante en los próximos años 

¿Sientes que Nàtura ya suena exactamente como la imaginabas o todavía estás descubriendo hacia dónde quieres llevar el proyecto?

Siento que Nàtura está experimentando y aprendiendo aún y eso me ilusiona porqué veo un camino que me apetece mucho recorrer y también de compartir con otras personas. Creo que he mostrado sólo una pequeña parte de lo que soy capaz y quiero mostrar y eso me llena de energía y de ganas. Tengo muy claro que el Hard Bounce me va a acompañar durante mucho tiempo pero a la vez también quiero experimentar con otros estilos como el trance y el acid y que me nutran para crear un estilo propio. Tengo ganas de ir descubriendo cómo se desarrolla todo y a dónde me lleva. 

¿Hasta qué punto producir ha cambiado tu forma de pinchar? ¿Te descubres pensando una sesión de manera diferente desde que también construyes tu propia música?

Ostras pues yo creo que más que afectar a mi forma de pinchar, pinchar me hace entender mi forma de producir. Todos los años de experiencia hacen que tenga una visión a la hora de poner los elementos necesarios de la canción y la estructura de esta. Pienso en qué necesita cada momento del tema, cuándo tiene que entrar un elemento, cuándo hay que dejar respirar la canción o cómo hacer que la energía siga avanzando sin perder el interés. Al final, producir me ha hecho entender mucho mejor por qué funcionan ciertas cosas, pero creo que mi visión como DJ sigue siendo la base de todo lo que creo. 

Tus sesiones transmiten mucha intensidad. ¿Construyes esa energía desde el primer tema o prefieres que sea la propia pista la que marque el camino?

Normalmente me gusta empezar los sets con fuerza y luego ir jugando con la intensidad. Sí que diría que el principio de mis sets suele ser bastante potente, porque mi intención es entrar pisando fuerte y captar la atención de la gente desde el primer momento.

Después, fluyo muchísimo con la música y con la energía de la pista, y eso hace que me deje guiar mucho por lo que siente mi cuerpo mientras voy transformando esa intensidad. Al final, siento la música y la energía de la gente casi como una intuición. Es algo que me sale de forma muy natural y que acaba marcando el camino de cada sesión.

Antes de debutar en INPUT como artista, también has vivido la sala desde el otro lado de la cabina. ¿Hay alguna noche o algún recuerdo como clubber que hoy cobre un significado especial al saber que ahora serás tú quien esté pinchando?

Creo que, más que una noche en concreto, lo que más me viene a la cabeza es lo exigente que siempre he sido cuando he salido de fiesta. Para mí lo más importante siempre ha sido la música, la calidad del sonido y el ambiente. Al final, son esas tres cosas las que hacen que una noche se convierta en una experiencia de verdad. Creo que por eso también soy tan exigente con mis sets, porque siento que es nuestro deber ofrecer a la gente un momento de calidad y hacer que merezca la pena estar ahí.

Respondiendo a la pregunta, creo que lo que más recuerdo es la ilusión que sentía al ver en directo a artistas que admiraba. Ahora me hace muchísima ilusión pensar que, al otro lado de la cabina, pueda haber alguien sintiendo esa misma emoción al verme a mí.

¿Qué crees que tiene que pasar cuando termine esa noche para que puedas decir: «este debut en INPUT ha salido exactamente como lo imaginaba»?

Para mí sería salir de la cabina sintiendo que la gente ha vivido el viaje que tenía en la cabeza. Me imagino empezar la sesión y notar cómo, poco a poco, la gente va entrando, se siente cómoda y cada vez tiene más ganas de quedarse. Que a medida que avanza la noche la energía vaya creciendo, que la gente baile, sonría, salte, se emocione y disfrute.

Me imagino momentos en los que ves que alguien se lleva las manos a la cabeza porque no se esperaba una canción o una mezcla. Esas reacciones son las que más me dicen que la gente está conectando con mi sesión. Si al terminar siento que durante una hora y media hemos estado todos viviendo el mismo viaje, creo que podré decir que ese debut ha salido exactamente como lo imaginaba.

INPUT tiene una identidad muy marcada dentro de la escena electrónica de Barcelona. ¿Qué tipo de sesión te apetece construir para esa noche y qué te gustaría que se llevara el público al salir de la sala?

Para el 20 de agosto tengo muy presente que mi sesión será la apertura y que pincharé antes de Ueberrest. Lo primero que tengo en cuenta es el respeto por la identidad del club, por la noche que se quiere construir y por el artista que viene después. Por eso, mi intención no es hacer una sesión que lo dé todo desde el principio, sino construir un warm-up que haga crecer la energía de forma natural y deje espacio para que la noche siga evolucionando. Creo que esa también es una parte muy importante del trabajo de un DJ.

Eso no significa que vaya a renunciar a mi identidad. Quiero que la gente reconozca mi forma de mezclar, que se sorprenda con algunos cambios y transiciones y descubrirles música nueva con mucha energía. Y sobre todo me gustaría que el público saliera con la sensación de haber descubierto una artista nueva y con ganas de volver a verme.

Mirando un poco más allá de esta fecha, entre la música que viene y los escenarios que tienes por delante, ¿con qué te gustaría que terminara 2026?

Me gustaría que terminara con alguna fecha fuera de España, en algún lugar de Europa. Ya tuve la suerte de vivir una experiencia en Ámsterdam y me encantaría que 2026 también tuviera ese momento internacional. Creo que tocar fuera te aporta muchísimo. Descubres otras formas de vivir la música, otras tendencias y otras maneras de entender la pista. Siempre vuelves con ideas nuevas y con una visión mucho más amplia.

Si no pasa este año, me gustaría terminar 2026 con la sensación de haber aprendido lo suficiente como para que esa oportunidad llegue en 2027. Al final, para mí lo importante es seguir evolucionando y que cada año me acerque un poco más al tipo de artista que quiero ser.


Muchas gracias por dedicar un rato a responder nuestras preguntas y por compartir un poco más sobre el momento que estás viviendo como Nàtura. Tu debut en INPUT llega acompañado de nueva música y de una etapa en la que el proyecto sigue creciendo tanto en la cabina como en el estudio, así que estaremos atentos a todo lo que venga.

¡Mucha suerte y nos vemos en la pista!

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